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No Nos Dejen Solos
By Tracy L. Barnett Posted in Agua, Territorio y Resistencia, Medio ambiente, Mexico, Pueblos Indígenas on 19 agosto, 2026 0 Comments
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Hay historias que una reportea, entrega y deja atrás.

Y hay otras que te siguen hasta casa.

Topolobampo se ha convertido para mí en una de esas historias.

El miércoles entrevisté a tres de las personas cuyos rostros aparecen aquí, dirigentes de la resistencia encabezada por el pueblo indígena yoreme contra la planta de amoniaco que se construye a orillas de la bahía de Ohuira, un humedal protegido internacionalmente en el golfo de California.

Puedes ver esa conversación aquí.

Más de una vez durante la entrevista dijeron lo mismo:

“No nos dejen solos. No nos abandonen.”

Me lo dijeron a mí personalmente. Y después se lo dijeron a todas las personas que estaban viendo el programa: a México y al mundo.

Porque tienen miedo.

Y tienen razones para tenerlo.

Varios de ellos ya han recibido amenazas e intimidaciones por oponerse al proyecto. México sigue siendo uno de los países más peligrosos del mundo para quienes defienden la tierra y el medio ambiente, y también para los periodistas que intentamos contar sus historias. Sinaloa, mientras tanto, es el bastión histórico de uno de los cárteles más poderosos de México, y la violencia allí no es nada nuevo. Pero el conflicto actual entre facciones rivales ha vuelto aún más volátil un lugar que ya era peligroso.

Así que cuando dicen “No nos dejen solos”, lo dicen de una manera bastante literal. En parte es un llamado a la visibilidad: la sensación de que ser vistos puede ofrecer cierto grado de protección. Pero también hay algo más instintivo, tan antiguo como el peligro mismo: la seguridad que da estar acompañados, ser muchos.

Por eso fui. Para ser un cuerpo más allí. Durante una semana de julio estuve de pie con ellos, me senté con ellos, comí con ellos y dormí a su lado.

Desde hace más de dos meses, estas mujeres y estos hombres, junto con sus aliados, mantienen un campamento las 24 horas frente a las puertas de la planta de amoniaco. Han soportado temperaturas de más de 40 grados, lluvias torrenciales, vientos violentos, noches sin dormir y la incertidumbre constante de no saber qué vendrá después.

Lo que encontré allí no fue miedo.

Encontré una risa incontenible. Un sentido del humor irreverente. Una profunda solidaridad. Una especie de alegría obstinada. Después de 12 años de resistencia, estas personas han aprendido que si la lucha va a formar parte de sus vidas, entonces la van a vivir plenamente: con música, comida, bromas, ceremonia, amistad y amor.

También había esperanza. Durante los días que pasé allí, antes y durante las mesas de diálogo, existía una sensación real de que algo por fin podía estar moviéndose. Después de tantos años de ser ignorados, los estaban escuchando. La gente estaba cansada, sí, pero también estaba llena de energía.

El miedo no lo sentí hasta después.

En la entrevista del miércoles algo se sentía distinto. Cuando dijeron: “No nos dejen solos, no nos abandonen”, no lo dijeron de manera dramática. No era un lema. Lo decían en serio. Claudia habló de la enorme preocupación que sienten quienes han levantado la voz durante más de 12 años, y de lo vulnerables que pueden quedar frente al entorno sociopolítico de Sinaloa.

Fue entonces cuando entendí que, debajo de las risas y del optimismo, también había una conciencia muy clara del peligro. Y quizá una sensación creciente de que el momento se estaba volviendo más precario, no menos.

Hoy, mientras escribo esto, la propuesta del gobierno está siendo analizada por los habitantes de Paredones, una comunidad pesquera yoreme en la bahía de Ohuira, bajo su propio sistema tradicional de gobierno.

Es la segunda de una serie de cuatro asambleas comunitarias en Ohuira, Paredones, Lázaro Cárdenas y Topolobampo, donde las y los habitantes revisarán y deliberarán sobre la propuesta antes de que las comunidades den su respuesta al gobierno.

No son audiencias públicas en el sentido convencional. Las asambleas se realizan conforme a los usos y costumbres yoremes, con restricciones a la participación de personas externas, a la fotografía y a las grabaciones, y son las propias comunidades las que tienen voz y voto.

En otras palabras, después de 12 años de lucha —y después de consultas organizadas por el gobierno que, según las comunidades, les fallaron— las personas directamente afectadas están tomando ahora la decisión en sus propias manos, ejerciendo sus propias formas de gobierno y soberanía colectiva.

En la semana que viene conoceremos su decisión. Pero la entrevista del miércoles nos dejó un adelanto bastante claro. Claudia lo dijo sin rodeos:

“Sé que la comunidad nos va a decir que no.”

La visibilidad no garantiza la seguridad. Pero la invisibilidad puede ser peligrosa.

Por eso, en parte, voy a dejar esta imagen como portada de mi Facebook por ahora. Quiero ver estos rostros todos los días. Quiero recordar que debo mantenerme en contacto, seguir reportando, seguir haciendo preguntas y seguir teniéndolos presentes en mis oraciones.

Les pido que me acompañen.

Hagan una oración. Enciendan una vela. Envíen un buen pensamiento. Digan sus nombres. Compartan su historia. Sea cual sea la forma que tome la solidaridad dentro de su propia tradición, ofrézcanles un poco de ella.

Recen para que estén a salvo.

Recen para que puedan seguir haciendo su trabajo sin miedo.

Recen por sus familias, que llevan con ellos el peso de esta lucha.

Y recen para que el valor que hace falta para ponerse entre un megaproyecto industrial y una bahía amada encuentre algo más fuerte que las amenazas: justicia, protección, respeto y el derecho de las comunidades a decidir qué sucede en los lugares que las sostienen.

La lucha contra la planta de amoniaco está lejos de terminar. Después de 12 años de batallas legales, organización, marchas y resistencia —y más de dos meses frente a las puertas de la planta— el colectivo ¡Aquí No! finalmente ha entrado en diálogo directo con funcionarios federales y con la empresa.

Lo que viene ahora sigue siendo incierto.

Pero el mensaje que me traje de Topolobampo no lo es:

No nos dejen solos.

🌊🌿🕊️✊
¡Aquí NO!

Posdata: Un agradecimiento de corazón a ese pequeño pero poderoso grupo de personas que han estado sosteniendo este trabajo—ayudándome a seguir cubriendo luchas como la de Topolobampo y tantas otras iniciativas que buscan llevarnos hacia una forma de vida que honre a la Tierra en lugar de explotarla. Su apoyo realmente hace posible este trabajo. 💚🌎

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Tracy L. Barnett
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