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Muchos caminos, una sola mesa: Encontrar hogar en Guadalajara
By Tracy L. Barnett Posted in Gastronomía, Mexico, Migración on 19 agosto, 2026 0 Comments
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Por Tracy L. Barnett
Para El Proyecto Esperanza

El papel de arroz parecía casi imposiblemente frágil.

La chef Alice Liu sumergió una hoja translúcida en agua, la extendió con cuidado sobre la mesa y comenzó a colocar encima tiras de verduras y hierbas frescas. A su alrededor, un grupo de personas intentaba seguir sus movimientos, descubriendo que preparar un rollo primavera vietnamita es una de esas cosas que parecen engañosamente sencillas hasta que uno intenta hacerlo.

Demasiado relleno y la envoltura se rompe. Demasiado flojo y todo se desarma. El truco está en doblar los lados hacia adentro, acomodar el relleno y enrollar con suavidad, pero con firmeza.

Alice se inclinó sobre la mesa y volvió a mostrar el movimiento.

Más tarde pensé que había algo muy apropiado en ese pequeño ejercicio de mantener unidas cosas distintas.

Nos habíamos reunido ese viernes por la noche en Guadalajara para “Rolls with Purpose”, un evento de recaudación organizado por Alice y su esposo, Miguel, en beneficio de The Rhizome Center for Migrants (El Centro Rizoma del Migrante) Pero debajo de las risas, la comida y el ambiente festivo corría una historia mucho más compleja: la de personas cuyas vidas han quedado divididas entre países, familias separadas por la deportación, recién llegados tratando de encontrar su lugar en México, e inmigrantes que han alcanzado cierta estabilidad y ahora tienden la mano a quienes vienen detrás.

Para Tran Dang, fundadora del Centro Rizoma, esa última parte es fundamental.

El Centro Rizoma ofrece asistencia legal gratuita a personas deportadas y a otros migrantes, ayudándoles a desenredar casos migratorios, reunificar familias y conseguir los documentos necesarios para vivir y trabajar en México. Cada vez más, la organización también brinda apoyo humanitario a personas que llegan después de haber pasado por detención y deportación, a veces con poco más que la ropa que llevan puesta.

Pero el estatus legal es solo una parte del problema.

“Volver a encontrar un hogar es muy difícil”, dijo Tran al grupo.

Algunas salieron de México siendo bebés o niños pequeños. Algunas pasaron décadas en Estados Unidos. Sus hijos, parejas, trabajos, vecindarios, idioma y referencias culturales pueden estar todos allá.

Y de pronto están “de regreso” en un país que puede ser su hogar en los documentos, pero que ya no se siente como hogar.

Josue Cortes conoce muy bien ese territorio.

En Guadalajara, muchos lo conocen por su nombre artístico, Wombay. Es un rapero chicano de sonrisa fácil, con una vena filosófica irreprimible y una tendencia a transformar incluso las historias dolorosas en posibilidades de aprendizaje.

Nació en México, pero creció en Estados Unidos. Cuando tenía alrededor de 12 años, la detención de su padre desencadenó una serie de acontecimientos que cambiaron la vida de toda la familia. Su madre terminó tomando la decisión abrupta de regresar a México con sus hijos.

Un día estaban viviendo en Estados Unidos; casi de la noche a la mañana, todo cambió.

La familia que Josue recuerda como profundamente unida comenzó a fracturarse después del regreso. Sus padres se separaron. Él atravesó años difíciles durante la adolescencia, incluyendo adicciones y rehabilitación. Se convirtió en padre a los 16 años y trabajó donde pudo: vendiendo aguas frescas en tianguis, en centros de llamadas y, con el tiempo, rapeando en los camiones de Guadalajara para ganar un ingreso extra.

A lo largo de todo ese proceso había una pregunta muy familiar para quienes viven con una identidad dividida por la frontera.

En Estados Unidos le decían que era mexicano.

En México le decían que era estadounidense.

“Es como una batalla constante”, me dijo después. “Aunque estoy en casa… vaya donde vaya, siento como que no estoy en casa.”

Y sin embargo, Josue ha pasado años construyendo un hogar de todos modos.

Hizo una vida aquí. Su familia, que había quedado dividida, poco a poco volvió a encontrarse. Se convirtió en músico y artista, usando primero el hip-hop y ahora también el reggae para comunicar cosas que a veces le cuesta expresar en una conversación cotidiana.

Y desde hace varios años es el maestro de ceremonias del festival del Día de los Migrantes organizado por el Centro Rizoma.

Sigue regresando, dice, por lo que ocurre cuando conoce a otras personas cuyas vidas también se extienden entre idiomas, países e identidades.

Por un momento, se siente en casa.

Ése es el propósito más profundo del festival anual del Centro Rizoma, que este año llega a su cuarta edición.

La comida es, por supuesto, parte del atractivo. También lo son la música, el baile, las artesanías y las presentaciones. Pero Tran concibe el encuentro como un ejercicio de integración cultural, una frase que puede sonar burocrática hasta que uno se sienta junto a alguien que ha pasado años escuchando que pertenece a otro lugar.

El lema de este año es “Many Journeys, One Community” — “Muchos caminos, una sola comunidad”.

El festival en sí es creado en gran medida por migrantes y refugiados —y por una organización dirigida a y por migrantes (el Centro Rizoma)—, con participantes de comunidades provenientes de Vietnam, Haití, Venezuela e India, entre otras.

Alice Liu ha participado desde el principio.

También inmigrante, se mudó a Guadalajara desde California en 2021 y con el tiempo creó Speakeasy Cocina, la cocina virtual que dirige junto con su esposo, Miguel. Para la pareja, la comida siempre ha sido una forma de crear comunidad.

Pero Alice contó a los invitados que su trabajo con Tran le permitió conocer de cerca una población que antes apenas comprendía: personas deportadas y migrantes que intentan reconstruir sus vidas después de experiencias que pueden dejarlas aisladas tanto del país que dejaron como del país al que llegaron.

La entrega de Tran la conmovió tanto que este año, en lugar de participar únicamente como proveedora de comida, Alice decidió organizar eventos de recaudación antes del festival.

Y no es la única chef inmigrante que está haciendo lo mismo.

El 26 de agosto, el chef vietnamita-estadounidense Charlie Huynh, fundador de Let’s Pho, organizará otro evento en beneficio del Centro Rizoma, aportando la comida y ofreciendo a los asistentes un adelanto de algunos platillos que planea incluir en un nuevo concepto de comida callejera vietnamita.

Charlie Huynh (cortesía)

La conexión de Charlie con este trabajo es personal.

Él migró de Vietnam a Estados Unidos sin hablar inglés.

“No hablaba nada de inglés, no conocía a nadie, no conocía las leyes y tenía que poner mis papeles en orden”, me contó. “Sin ayuda, tuve que resolver casi todo por mi cuenta.”

Años después, tras construir un negocio de restaurantes en Houston, volvió a migrar, esta vez por elección y en circunstancias muy distintas.

Primero se mudó a Puerto Vallarta y después se enamoró de Guadalajara, donde expandió Let’s Pho. Para entonces ya tenía amigos, contactos y una red dispuesta a ayudarlo a establecerse en México.

La diferencia se le quedó grabada.

“Por eso quise compartir esa bendición con quienes están pasando por el mismo proceso”, dijo.

Y para Charlie, la comida es el medio natural para hacerlo.

“No tienes que hablar el idioma ni entender la cultura para disfrutar una comida”, dijo. “La comida es un lenguaje nacional del amor. Es universal.”

Platillo en Let´s Pho (foto cortesía)

Quizás por eso funcionan estos encuentros.

Alrededor de una mesa, las categorías empiezan a aflojarse.

Inmigrante. Deportado. Refugiado. Expatriado. Mexicano. Estadounidense. Vietnamita. Chicano.

Por una noche, las personas se convierten en quien te pasa el plato de hierbas, en el desconocido que te ayuda a rescatar un rollo primavera que se rompió, en el músico que espera su turno para contar su historia, en la chef que explica un sabor de su infancia a miles de kilómetros de distancia.

Suzanne Shelton y su esposo, Mike, llegaron porque querían apoyar a personas afectadas por políticas migratorias que consideran dolorosas e injustas.

“Ayudarlas aquí es algo que sí podemos hacer”, me dijo.

Es una frase sencilla, pero quizá importante.

Ninguna de estas cenas va a reparar una familia separada por una deportación. Un festival gastronómico no puede recuperar los años perdidos entre padres e hijos, ni borrar la desorientación de despertar en un país que todos insisten en llamar tuyo cuando ya no se siente así.

Pero puede crear un lugar para empezar.

Una mesa.

Una conversación.

Un sabor familiar.

Alguien que entiende lo que significa pertenecer a dos lugares a la vez — o, algunos días, a ninguno.

Y a veces, el hogar empieza ahí.


PRÓXIMOS EVENTOS

26 de agosto — Evento de Let’s Pho a beneficio del Rhizome Center for Migrants: el chef vietnamita-estadounidense Charlie Huynh aportará la comida y presentará algunos platillos de un nuevo concepto de comida callejera vietnamita.[7 pm 26 de agosto / Speakeasy Cocina, Calle Dia 2385, Jardines del Bosque. Costo: 400 pesos / Reservas a [email protected] o WhatsApp +52 33 1146 2188.]

27 de septiembre — Cuarto Festival de Comida y Cultura del Día del Migrante: “Many Journeys, One Community / Muchos caminos, una sola comunidad”. [“Muchos Viajes, Una Comunidad: Una celebración familiar de la cultura, la comunidad y el sentido de pertenencia para el Día del Migrante”, organizado por The Rhizome Center for Migrants, en colaboración con Caminantas — Casa Zuno, Av. Unión 2226, Col. Americana / Instagram @diversidadculturalgdl y @therhizomecenter.]

Tracy L. Barnett es fundadora de The Esperanza Project y también ofrece consultoría de comunicación de medio tiempo al Rhizome Center for Migrants. La cobertura periodística y las decisiones editoriales de The Esperanza Project se realizan de manera independiente.

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