Se define a sí misma como weychafe — defensora de la vida. Moira Millán es escritora, guionista y activista mapuche del Wallmapu (Patagonia), y una de las voces más urgentes que emergen hoy desde Abya Yala. Su libro Terricidio: Sabiduría ancestral para un mundo alterNATIVO — traducido al portugués, al francés y al inglés — ha viajado más lejos que la mayoría de los manifiestos políticos, llegando a salas de estar, aulas universitarias y asambleas comunitarias en cuatro continentes. El concepto que lo habita es engañosamente simple y devastadoramente verdadero: que la destrucción de la tierra y la destrucción de los pueblos no son crisis separadas — son una sola.


Hablamos con Moira en un momento de particular intensidad en su vida: acababa de regresar de México por el lanzamiento de la última edición de Terricidio y estaba a punto de viajar de nuevo, esta vez para acompañar a una hermana mapuche, Soledad Cayunao, quien enfrenta en soledad la defensa de las nacientes del río Chubut, vendidas — ilegalmente, insiste Moira — a un comprador extranjero. La conversación recorrió la espiritualidad ancestral, la violencia colonial, la alfabetización política y el papel de los libros en la vida de una niña pobre. Lo que sigue fue editado por extensión y claridad.
Tracy:
Empecemos por el principio — por quién eres. Te identificas como weychafe. Para quienes no lo conocen, ¿qué significa eso?
Moira:
Weychafe es el defensor de la vida. Es una persona habitada por un espíritu telúrico y ancestral que le permite a la persona que recibe ese espíritu tener información, información que llega a través del peuma, a través de sueños con premoniciones que indican dónde va a estar la lucha, cómo enfrentar la lucha. El weychafe también recibe enseñanza y preparación a través de la espiritualidad, de ceremonias que celebran los machis.
No se llega a ser weychafe. Se nace. Se nace como se nace con el espíritu del lonco [líder], como se nace con el espíritu de machi. Por eso decimos cuerpo-territorio, porque los territorios habitan esos cuerpos y nosotros somos cuerpos también habitando territorios, y hay una relación de reciprocidad. Me fui a servir con un machi y ahí supe que yo era weychafe. Me hicieron una ceremonia para poder fortalecer mi espíritu, para poder asumir el rol que me corresponde. Y bueno, mientras mis ancestros y ancestras lo determinen, seguiré ayudando en todo lo que sea la lucha.
No somos guerreros y guerreras sino defensores, defensores de la vida dispuestos a resguardar los territorios y a nuestro pueblo.
Tracy:
Tu camino hacia esta identidad no fue directo. Creciste en la ciudad, lejos de tu territorio ancestral. ¿Cómo encontraste el camino de regreso a la tierra y a tus tradiciones?
Moira:
Ese llamado a la tierra te sacude. Muchas veces se manifiesta con tristeza, con angustia, desolación. Te das cuenta de que no estás en el lugar correcto, no estás haciendo lo correcto, que hay un propósito que no logras discernir, que no logras ver con claridad, pero que te habita y te genera este deseo de irte de la ciudad, de encontrarte con las montañas, de encontrarte con el territorio ancestral de tu gente.
A mí me sucedió a los 18 años. Pude ir a la comunidad de mi padre y ahí encontrarme con mis tíos, primos. Ahí supe de mi identidad mapuche, entendí lo que nos habían arrancado. Abracé, al principio desde la espiritualidad, a mi pueblo. Y luego entendí que para poder seguir vivos en esa espiritualidad había que defender la identidad de los territorios.
Tracy:
Tu libro Terricidio está traducido a varios idiomas. ¿Puedes explicar el concepto para quien lo encuentra por primera vez?
Moira:
El terricidio es toda la forma de agredir la vida que tiene el sistema, y plantea la interconexción que existe entre todas las manifestaciones de vida y las formas de vida. Cuando desaparece un elemento de la naturaleza, desaparece con él un elemento de nuestra cultura. La agresión a los cuerpos diversos es una agresión también a la diversidad de los ecosistemas. Cuando se comete genocidio, cuando se comete feminicidio, se está cometiendo terricidio.
Ecocidio, genocidio, feminicidio buscan hacer énfasis en la eliminación de ciertos sectores vitales, pero no plantean la interrelación que existe entre ellos. El terricidio nos pone en énfasis la necesidad de entender que todas las vidas importan, que todas están ensambladas. Por lo tanto la lucha contra el terricidio tiene que abordarse desde una perspectiva integral, de interrelación y de articulación entre todos los sectores.
Siempre hablo en plural porque Terricidio es el resultado de la teorización de prácticas colectivas. No es un texto intelectual individual que surge de una mente brillante, sino simplemente la teorización de iniciativas, perspectivas, sabiduría ancestral entretejida de manera colectiva. Soy la recolectora de voces, experiencias y caminos y senderos que los pueblos están llevando adelante.
Tracy:
El libro también lleva un subtítulo — Sabiduría ancestral para un mundo alternativo. En un momento de crisis civilizatoria tan profunda, ¿de dónde viene realmente esa alternativa?
Moira:
Nunca hemos visto un nivel de agresión tan profunda contra los pueblos y contra la tierra por parte del poder como lo estamos viendo en este tiempo, donde hay un fascismo perverso, el horror parece ser política de Estado, crímenes que pasan con total impunidad. Frente a esta crisis civilizatoria, nosotros creemos que la alternativa está en la sabiduría ancestral de los pueblos. Son tiempos de interpelar qué es la evolución, qué es el desarrollo.
La propia tierra es la que nos está sacudiendo y emplazando la agenda por la vida. Ya no esperamos líderes, ya no hay fórmulas, ni partidos, ni sectores sociales vanguardistas. Y en ese sentido, creemos un mundo alternativo — uno que los pueblos construyeron durante miles de años y cuyos postulados cobran hoy una vitalidad y una urgencia fundamental.
Tracy:
Nombraste el chineo como uno de los crímenes coloniales que tu movimiento ha luchado por poner en la agenda pública. ¿Puedes explicar qué es?
Moira:
Lamentablemente es una práctica colonial que se ha sostenido durante toda la historia de este país, y probablemente otros países también la viven. Crearon los criollos, con gran poder económico, un verbo, una acción que le dicen ellos chinear, que es elegir niñeces indígenas para ser violadas. Ellos, los violadores, lo viven como un rito iniciático. Van a la familia, le dan prebendas, como que se vuelven propietarios de esas niñeces a las que han violado. Pero las niñeces la viven con desesperación; a veces se suicidan, a veces quedan embarazadas y son obligadas a ser madres.
Son generaciones y generaciones de mujeres y niñeces violadas. Cuando van a denunciar este crimen, la justicia argentina les dice que no pueden juzgar a los perpetradores porque es algo cultural. Y nosotros decimos que no: es una acción cultural, que es una herencia criminal de la colonia, y que por lo tanto tiene que ser juzgada, y juzgada con una penalidad severa, porque encarna todo en un contexto de racismo.
El chineo no se puede caracterizar o catalogar como violación en manada. Son los atacantes yendo al territorio indígena, sabiendo que están entrando a un territorio indígena, eligiendo a sus víctimas que son indígenas, y sosteniendo toda una estructura de poder para blindar su impunidad. Hay una carga racista y colonial que debe ser puesta en énfasis y debe pesar en cualquier condena.
Una de las provincias, Salta, ha avanzado hacia legislar contra el chineo. Pero esta ley hace un reduccionismo absoluto de cómo nosotros caracterizamos el problema: deja fuera la carga racista. Le han puesto el nombre de una mujer indígena que habitó esos lugares. La planteamos desde el lugar de la justicia sanadora, y ellos hablan del concepto de reparación. Lo que han hecho es irreparable, por lo tanto es hipócrita hablar de justicia reparadora.
Tracy:
El Wallmapu — la Patagonia — ha sufrido incendios devastadores dos años seguidos. ¿Qué está pasando realmente allí?
Moira:
Yo siempre digo dos más dos son cuatro. Vienen los incendios; posterior a los incendios, la reforma de la ley de glaciares, la reforma de la ley de tierras, que posibilita el loteo y la venta de las tierras abajadas por el fuego, que estaban prohibidas justamente para desalentar la quema.
El anuncio de recibir 300,000 israelíes como refugiados. La militarización de los territorios. Poca gente sabe, por el blindaje mediático que hay, que ha llegado a la Patagonia un arsenal comprado en Israel: tanques, unidades muy modernas, armamento de todo tipo, llevado tanto al Wallmapu como a Tierra del Fuego. Estamos viendo cómo se va configurando un escenario bélico, que sin tener un enemigo externo, entonces entendemos que todas esas armas son contra nosotros.
El gobierno de Milei y el gobierno de Ignacio Torres, aquí en la provincia de Chubut, insisten que los mapuches son los incendiarios, no tienen pruebas. Sin embargo tienen videos y denuncias documentadas. Pero en vez de hacer caso a todo ese material, a todo ese barraje de pruebas contundentes, crean un montaje en la narrativa completamente ficcionado, poniéndonos a nosotros, los pueblos mapuches, como los autores de los incendios.
Los incendios nos trajeron dolor, lágrimas, hubo despojo territorial incluso. Pero también trajeron la poesía de la unidad, la articulación de los pueblos que dieron respuesta a la soledad con que el Estado desamparó a las personas. Incluso comunidades mapuches que habían perdido todo y fueron allanadas después siguieron de pie. Eso también es parte de nuestra historia.
Tracy:
El pueblo mapuche nunca fue vencido por España. Mucha gente no lo sabe.
Moira:
El pueblo Mapuche venció a dos grandes imperios. El Imperio Inka fue avanzando hacia el sur y cuando entró al territorio Mapuche recibió la confrontación. El pueblo Mapuche defendió su territorio, ganó, venció y se tuvieron que ir. Luego llegaron los españoles intentando también invadir. Hubo guerras, luchas, y finalmente terminaron acordando a través de tratados y acuerdos formales donde España reconoce la soberanía del pueblo Mapuche sobre sus territorios.
Luego llegan los estados nación con programas importados desde Estados Unidos, porque la conquista al oeste y la conquista al desierto en Argentina son calcos. Lo mismo que en Chile se llamó la pacificación de la Araucanía. Estos dos estados llevan adelante el genocidio porque no hubiera sido posible consolidarlos sin él.
Siento que hemos vencido en el sentido de que no nos exterminaron. Estamos acá vivos, y vivir ya es parte de nuestra victoria. Estamos recuperando nuestras ceremonias, nuestro mapudungún, nuestra forma de organizarnos, la forma de sanar, la forma de parir, la forma de educar. Seguimos hablando con el río, con la montaña, con la lluvia, con el sol, con el bosque, con los animales. Todo eso me parece el reflejo de un pueblo que no se rinde.
Tracy:
También has construido algo — la Pluriversidad en tu tierra. Cuéntanos.
Moira:
Doné mi casa, que es de bioconstrucción, para que ahí suceda el proyecto de Pluriversidad, en el Lof Mapuche Pillán Mahuiza. Consiste en internados de diferentes conocimientos y saberes que queremos recuperar — no solamente saberes ancestrales, sino también conocimientos por el buen vivir: tecnologías alternativas, bioconstrucción. Se pone en diálogo a partir de las necesidades que van surgiendo para construir ese mundo mejor que queremos.
Para construir este mundo alternativo, no podemos esperar que se desintegre este otro que nos han impuesto, sino que ya lo tenemos que ir creciendo, sintiéndolo, vivenciándolo y fortaleciéndolo. Y cuando se desintegre este mundo malvado, antropocéntrico, individualista, hipercapitalista, ya va a haber un ensayo del buen vivir posible. La Pluriversidad intenta hacer eso.
Tracy:
Has hablado del analfabetismo político como una de las condiciones que permite que todo esto continúe. ¿Cómo lo cambiamos?
Moira:
Creo que todas las iniciativas son válidas: llevar el teatro callejero, las radios comunitarias, las bibliotecas populares, los comedores. Siempre cuento que yo soy el resultado de un comedor popular. Era una nena pequeñita, con desnutrición, mi mamá me lleva al médico, el médico le dice que me hace falta comida, y termino en un comedor, en una olla popular, un comedor para niños, donde ahí me enseñaron a leer y escribir.
Para mí los libros me cambiaron la vida. Era una nena de un barrio extremadamente pobre, de una familia muy pobre, al punto de que nos faltaba comida. Mi destino hubiera sido probablemente otro, quizás más funesto, completamente de opresión. Pero los libros me abrieron la cabeza, y pude entender la asimetría social, y pude rebelarme contra eso.
Tenemos que volver a eso, a nutrir no solamente el cuerpo, sino también la mente. En tiempos de tanta manipulación, a través de esta terminología que en vez de comunicarnos incomunica, llegar con libros a las infancias, y permitirles jugar, reír, recrearse, volar su imaginación, y no encarcelarlas en pantalla.
Hoy nuestro principal objetivo sería volverle a dar a las niñeces la posibilidad de un mundo mejor. Hay que salir a hacer trabajo barrial, trabajo territorial, ir a las comunidades, ayudar y apoyar a quienes defienden los territorios, no desamparar a los defensores de la vida. Pero sobre todo llevar la posibilidad de la lectura. Esa también es la lucha.
Tracy:
Por último — ¿qué te sostiene a ti personalmente? ¿Dónde encuentras fuerza y esperanza para seguir caminando?
Moira:
En la Mapu. Encuentro fuerza y esperanza en la Mapu. Siento que está llena de amor, de sabiduría.
En los momentos más difíciles — sufrimos un allanamiento de cien milicos que entraron a mi casa, que nos golpearon, que se llevaron a miembros de nuestra comunidad — yo encuentro paz, calma y fortaleza en la tierra. Cuando hablo con el río, cuando hablo con la montaña, con el bosque, siento que todavía mis ancestros y mis ancestras, y las fuerzas protectoras del lugar, me están cuidando, me están mirando, y siguen dialogando con nosotros.
El día que la tierra deje de hablarnos — ahí sí que va a ser desesperado. Así que mientras sigamos hablando con la tierra y la tierra nos escuche, hay fortaleza y esperanza.
El libro de Moira Millán Terricidio: Sabiduría ancestral para un mundo alterNATIVO está disponible en formato Kindle en Amazon en español, francés e italiano, con una traducción al inglés próxima a publicarse; su novela, Train to Oblivion, se encuentra allí en inglés. Es fundadora del Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir (Movimiento de Mujeres Indígenas y Diversidades por el Buen Vivir).
Esta entrevista fue realizada y traducida del español original por The Esperanza Project.
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