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Moira Millán: 'La tierra es la que está emplazando la agenda'
By Tracy L. Barnett Posted in Activismo, Pueblos Indígenas on 30 mayo, 2026 0 Comments
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Se define a sí misma como weychafe — defensora de la vida. Moira Millán es escritora, guionista y activista mapuche del Wallmapu (Patagonia), y una de las voces más urgentes que emergen hoy desde Abya Yala. Su libro Terricidio: Sabiduría ancestral para un mundo alterNATIVO — traducido al portugués, al francés y al inglés — ha viajado más lejos que la mayoría de los manifiestos políticos, llegando a salas de estar, aulas universitarias y asambleas comunitarias en cuatro continentes. El concepto que lo habita es engañosamente simple y devastadoramente verdadero: que la destrucción de la tierra y la destrucción de los pueblos no son crisis separadas — son una sola.

Hablamos con Moira en un momento de particular intensidad en su vida: acababa de regresar de México por el lanzamiento de la última edición de Terricidio y estaba a punto de viajar de nuevo, esta vez para acompañar a una hermana mapuche, Soledad Cayunao, quien enfrenta en soledad la defensa de las nacientes del río Chubut, vendidas — ilegalmente, insiste Moira — a un comprador extranjero. La conversación recorrió la espiritualidad ancestral, la violencia colonial, la alfabetización política y el papel de los libros en la vida de una niña pobre. Lo que sigue fue editado por extensión y claridad.

Tracy:

Empecemos por el principio — por quién eres. Te identificas como weychafe. Para quienes no lo conocen, ¿qué significa eso?

Moira:

El weychafe es el defensor de la vida. Es una persona habitada por un espíritu telúrico y ancestral que le permite acceder a información — información que llega a través del peuma, a través de sueños premonitorios que indican dónde va a estar la lucha y cómo enfrentarla. El weychafe también recibe enseñanza y preparación a través de la espiritualidad, de ceremonias que celebran los machis.

Y no se llega a ser weychafe. Se nace. Así como se nace con el espíritu del lonco [líder] o con el espíritu de machi — cada persona lleva ciertos espíritus. Decimos cuerpo-territorio porque los territorios habitan los cuerpos y nosotros habitamos los territorios. Hay reciprocidad. Fui a servir con un machi y ahí supe lo que era. Me hicieron una ceremonia para fortalecer mi espíritu. Y mientras mis ancestros y ancestras lo determinen, seguiré ayudando en la lucha.

No somos guerreros en el sentido marcial. Somos defensores. Defensores de la vida, dispuestos a resguardar los territorios y a nuestro pueblo.

Tracy:

Tu camino hacia esta identidad no fue directo. Creciste en la ciudad, lejos de tu territorio ancestral. ¿Cómo encontraste el camino de regreso a la tierra y a tus tradiciones?

Moira:

Sí, y el llamado de la tierra no llega suavemente. Llega como tristeza, como angustia, como desolación. Una sensación de que no estás en el lugar correcto, de que hay un propósito que no logras discernir pero que te habita y te genera ese deseo de irte de la ciudad, de encontrarte con las montañas, con el territorio ancestral de tu gente.

A mí me sucedió a los dieciocho años. Fui a la comunidad de mi padre, conocí a mis tíos y primos, y ahí entendí lo que nos habían arrancado. Al principio abracé mi identidad mapuche desde la espiritualidad. Y luego entendí que para seguir vivos en esa espiritualidad había que defender la identidad de los territorios. Una cosa lleva a la otra.

Tracy:

Tu libro Terricidio está traducido a varios idiomas. ¿Puedes explicar el concepto para quien lo encuentra por primera vez?

Moira:

El terricidio alude a todas las formas en que el sistema agrede la vida. Pero más que eso, nombra la interconexción que existe entre todas las manifestaciones de vida y todas las formas de vivir. Cuando desaparece un elemento de la naturaleza, desaparece con él un elemento de nuestra cultura. La agresión a los cuerpos diversos es también una agresión a la diversidad de los ecosistemas. Cuando se comete genocidio, cuando se comete feminicidio, se está cometiendo terricidio.

Los términos que ya tenemos — ecocidio, genocidio, feminicidio — son importantes. Pero cada uno enfatiza la eliminación de ciertos sectores sin nombrar la interrelación que existe entre ellos. El terricidio dice: todas las vidas están ensambladas. Por lo tanto, la lucha contra el terricidio tiene que abordarse desde una perspectiva integral y relacional, en articulación entre todos los sectores.

Y siempre hablo en plural, porque Terricidio no es el producto de una mente brillante individual. Es la teorización de prácticas colectivas — una recolección de voces, experiencias y caminos que los pueblos vienen recorriendo. Yo soy la recolectora, no la autora en soledad.

Tracy:

El libro también lleva un subtítulo — Sabiduría ancestral para un mundo alternativo. En un momento de crisis civilizatoria tan profunda, ¿de dónde viene realmente esa alternativa?

Moira:

Estamos viviendo un nivel de agresión contra los pueblos y contra la tierra que nunca habíamos visto — un fascismo perverso en el que el horror parece ser política de Estado, en el que los crímenes pasan con total impunidad. Y frente a eso hay un desánimo generalizado, una resignación. La gente siente que no hay salida.

Pero nosotros creemos que la alternativa vive en la sabiduría ancestral de los pueblos. Son tiempos de preguntarnos: ¿qué es la evolución, realmente? ¿Qué es el desarrollo? Necesitamos un paradigma donde la tierra sea entendida como sujeta y protagonista — y no me cabe duda de que eso es lo que está ocurriendo. La propia tierra es la que nos está sacudiendo y emplazando la agenda por la vida. Ya no esperamos líderes, ni fórmulas, ni partidos vanguardistas. La tierra es la que está emplazando la agenda. Y en ese sentido, creemos en un mundo diferente — uno que los pueblos vienen construyendo desde hace miles de años, y cuyos postulados nunca han sido más urgentes.

Tracy:

Nombraste el chineo como uno de los crímenes coloniales que tu movimiento ha luchado por poner en la agenda pública. ¿Puedes explicar qué es?

Moira:

Es una práctica colonial que se ha sostenido durante toda la historia de este país — y probablemente otros países también la viven. Los criollos con poder económico crearon un verbo, chinear, que significa elegir niñeces indígenas para ser violadas. Ellos lo viven como un rito iniciático. Van a las familias, les dan prebendas, como si se volvieran propietarios de esas niñeces a las que han violado. Pero las niñeces lo viven con desesperación — algunas se suicidan, algunas quedan embarazadas y son obligadas a ser madres.

Son generaciones y generaciones de mujeres y niñeces violadas. Y cuando van a denunciar este crimen, la justicia argentina les dice que no puede juzgar a los perpetradores porque es algo “cultural.” Nosotros decimos: sí, es una herencia cultural — criminal, de la colonia — y por lo tanto tiene que ser juzgada. Con una penalidad severa.

El chineo no puede caracterizarse simplemente como violación en manada, porque no es un ataque al azar. Son hombres que van deliberadamente al territorio indígena, que saben que están entrando a un territorio indígena, que eligen a sus víctimas por ser indígenas, y que tienen toda una estructura de poder para blindar su impunidad. Hay una dimensión racista y colonial que debe nombrarse explícitamente y pesar en cualquier condena.

Una provincia, Salta, ha avanzado recientemente hacia legislar contra el chineo. Pero la ley despoja la dimensión racista que nosotras insistimos en incluir. Le pusieron el nombre de una mujer indígena que habitó esos lugares — y luego la vaciaron de la justicia que nosotras demandábamos. Nosotras hablamos de justicia sanadora. Ellos hablan de reparación. Lo que se ha hecho es irreparable. No se puede reparar.

Tracy:

El Wallmapu — la Patagonia — ha sufrido incendios devastadores dos años seguidos. ¿Qué está pasando realmente allí?

Moira:

Dos más dos son cuatro. Vienen los incendios. Y después de los incendios vienen las reformas: la ley de glaciares, la ley de tierras — ahora modificada para permitir el loteo y la privatización de las tierras quemadas, que antes estaban protegidas de la venta precisamente para desalentar los incendios. Luego viene el anuncio de recibir 300.000 israelíes como refugiados. Luego la militarización de los territorios — y poca gente lo sabe por el blindaje mediático que existe, pero ha llegado a la Patagonia un arsenal comprado en Israel: tanques modernos, armamento de todo tipo, enviado tanto al Wallmapu como a Tierra del Fuego. Vemos cómo se va configurando un escenario bélico, sin ningún enemigo externo. Entonces entendemos que todas esas armas son contra nosotros.

Y mientras tanto, el gobierno insiste — sin pruebas — en que los mapuches somos los incendiarios. Existen videos, denuncias documentadas de quién está prendiendo fuego. Pero en vez de actuar sobre ese material, construyen una ficción que nos pone a nosotros como los autores.

Los incendios trajeron dolor y despojo territorial. Pero también trajeron la poesía de la unidad — comunidades que se articularon, que respondieron al abandono del Estado con solidaridad. Incluso comunidades que lo habían perdido todo y fueron allanadas después siguieron de pie. Eso también es parte de nuestra historia.

Tracy:

El pueblo mapuche nunca fue vencido por España. Mucha gente no lo sabe.

Moira:

El pueblo mapuche venció a dos grandes imperios. Primero al Imperio Inka, que fue avanzando hacia el sur y cuando entró al territorio mapuche recibió la confrontación — el pueblo mapuche defendió su territorio, ganó, y los Inka tuvieron que irse. Luego llegaron los españoles intentando también invadir. Hubo guerras, y terminaron acordando a través de tratados y acuerdos formales en los que España reconoció la soberanía del pueblo mapuche sobre sus territorios.

Lo que finalmente nos invadió fueron los estados nación — Argentina y Chile — con programas importados casi directamente desde Estados Unidos. La conquista del desierto en Argentina y la llamada “pacificación de la Araucanía” en Chile son calcos de la conquista del oeste americano. Esos dos estados llevaron adelante el genocidio porque no hubiera sido posible consolidarlos sin él.

Pero siento que hemos vencido en otro sentido — no nos exterminaron. Estamos acá. Estamos recuperando nuestras ceremonias, nuestro mapudungún, nuestras formas de sanar, de parir, de educar. Seguimos hablando con el río, con la montaña, con la lluvia, con el bosque, con los animales. Eso, para mí, es el reflejo de un pueblo que no se rinde.

Tracy:

También has construido algo — la Pluriversidad en tu tierra. Cuéntanos.

Moira:

Doné mi casa — que construí yo misma, con mis manos, con bioconstrucción — para que ahí suceda el proyecto de Pluriversidad, en el Lof Mapuche Pillán Mahuiza. Es un espacio de educación autónoma donde se ponen en diálogo distintos conocimientos y saberes. No solo saberes ancestrales, sino también conocimientos para el buen vivir — tecnologías alternativas, bioconstrucción, y otros que van surgiendo según las necesidades.

Porque no podemos esperar que este mundo dañino se desintegre para empezar a construir la alternativa. Ya lo tenemos que ir creciendo, sintiéndolo, viviéndolo, fortaleciéndolo. Para que cuando este mundo antropocéntrico, individualista, hipercapitalista finalmente se desmorone, ya haya un ensayo del buen vivir posible. Eso es lo que intenta hacer la Pluriversidad.

Tracy:

Has hablado del analfabetismo político como una de las condiciones que permite que todo esto continúe. ¿Cómo lo cambiamos?

Moira:

Todas las iniciativas son válidas — el teatro callejero, las radios comunitarias, las bibliotecas populares, los comedores. Yo siempre digo que soy el resultado de un comedor popular. Era una nena pequeñita, con desnutrición, mi mamá me lleva al médico, el médico le dice que me hace falta comida, y termino en una olla popular, un comedor para niños — y ahí me enseñaron a leer y escribir.

Los libros me cambiaron la vida. Era una nena de un barrio extremadamente pobre, de una familia muy pobre. Mi destino hubiera sido probablemente otro, quizás más funesto, completamente de opresión. Pero los libros me abrieron la cabeza. Pude entender la asimetría social y rebelarme contra eso.

Hay que volver a eso: nutrir no solamente el cuerpo, sino también la mente. En tiempos de tanta manipulación a través de las pantallas y de un lenguaje que en vez de comunicar incomunica, hay que llegar con libros a las infancias. Dejarles jugar, reír, recrearse, volar su imaginación. No encarcelarlas en pantallas.

El objetivo principal ahora sería devolverle a las niñeces la posibilidad de un mundo mejor. Hay que salir a hacer trabajo territorial, trabajo barrial, ir a las comunidades, apoyar a quienes defienden los territorios. No desamparar a los defensores de la vida. Llevar libros a las infancias. Esa también es la lucha.

Tracy:

Por último — ¿qué te sostiene a ti personalmente? ¿Dónde encuentras fuerza y esperanza para seguir caminando?

Moira:

En la Mapu. En la tierra.

Encuentro fuerza y esperanza en la tierra. Siento que está llena de amor, de sabiduría. En los momentos más difíciles que hemos tenido — sufrimos un allanamiento de cien milicos que entraron a mi casa, que nos golpearon, que se llevaron a miembros de nuestra comunidad — encontré paz, calma y fortaleza en la tierra. Cuando hablo con el río, cuando hablo con la montaña, con el bosque, siento que mis ancestros y ancestras y las fuerzas protectoras del lugar me están cuidando, me están mirando, y siguen dialogando con nosotros.

El día que la tierra deje de hablarnos — ahí sí que habrá que desesperarse. Pero mientras sigamos hablando con la tierra y la tierra nos escuche, hay fortaleza y hay esperanza.

El libro de Moira Millán Terricidio: Sabiduría ancestral para un mundo alterNATIVO está disponible en formato Kindle en Amazon en español, francés e italiano, con una traducción al inglés próxima a publicarse; su novela, Train to Oblivion, se encuentra allí en inglés. Es fundadora del Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir (Movimiento de Mujeres Indígenas y Diversidades por el Buen Vivir).

Esta entrevista fue realizada y traducida del español original por The Esperanza Project.

Tracy L. Barnett

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