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‘Ballenas o gas:’ crece la oposición a los proyectos de GNL en el Golfo de California
By Tracy L. Barnett Posted in Activismo, Costa marina, Mexico on 13 abril, 2026 0 Comments
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La ventosa costa del campamento Kuyimá, en la Laguna San Ignacio, donde Beatriz Padilla acampó y pintó durante dos meses, sumergiéndose en el hábitat de las ballenas. (Foto: Beatriz Padilla)

En un tramo azotado por el viento de la costa del Pacífico de Baja California, Beatriz Padilla sostiene su lienzo frente a los elementos y espera a las ballenas.

Durante meses, ha seguido a las ballenas en su migración, pintando lo que ella llama sus “voces” a medida que su número disminuye.

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Puerto Libertad, Sonora, sitio de la propuesta Saguaro Energía LNG (Google Maps)

Ahora, mientras los científicos advierten que las ballenas están bajo una presión creciente, un tribunal mexicano ha ordenado suspender el tráfico de buques cisterna vinculados a un megaproyecto de gas natural licuado (GNL), contra el que ella y muchos otros han estado luchando. La medida bloquea en la práctica su capacidad de exportar gas mientras el caso avanza en los tribunales. 

La orden surge de una demanda presentada por la organización ambiental Nuestro Futuro y grupos aliados, al sostener que las autoridades no evaluaron completamente los riesgos del proyecto para la vida marina del Golfo. En un enfoque legal inusual, el caso considera a las ballenas como sujetos de derechos. El fallo bloquea temporalmente el tráfico de buques cisterna de GNL, una medida destinada a prevenir daños irreversibles mientras el caso sigue su curso.

El Mar de Cortés —o Golfo de California—, apodado “el acuario del mundo” por Jacques Cousteau, es uno de los ecosistemas marinos con mayor biodiversidad del planeta. Esta estrecha franja de agua alberga más del 39 % de los mamíferos marinos del mundo, incluyendo ballenas azules, cachalotes, rorcuales comunes y la vaquita marina, en peligro crítico de extinción.

El proyecto de gas natural licuado (GNL) de Saguaro Energy transportaría gas extraído mediante fracking desde la Cuenca Pérmica de Texas a través de 800 kilómetros del norte de México hasta Puerto Libertad, Sonora. Desde allí, el gas se exportaría en buques cisterna gigantes a los mercados de Asia.

La creciente preocupación por el proyecto ha cobrado mayor urgencia en los últimos días, tras un importante derrame de petróleo en el Golfo de México que ya ha causado la muerte de fauna marina, amenazado a las poblaciones de ballenas y devastado más de 650 kilómetros de costa. Si bien los proyectos propuestos para el noroeste de México involucran gas natural en lugar de petróleo crudo, científicos y grupos ambientalistas temen que el derrame ponga de manifiesto una vulnerabilidad más amplia: la expansión de la infraestructura energética en ecosistemas marinos sensibles. 

“Los estados colindantes con el Golfo de California como Sonora y Baja California Sur ya han encendido las alertas porque no quieren verse afectados por la industria fósil como ocurre en el Golfo de México”, —dijo Cecilia García Muñoz, de Defensa Ambiental del Noroeste (DAN). Agregó que los congresos estatales de ambas entidades ya pidieron al gobierno federal más información sobre las terminales de combustibles fósiles propuestas, así como una evaluación ambiental estratégica para evitar daños a la pesca, el turismo y las comunidades locales.

El año pasado, Padilla ayunó durante 21 días en el Golfo de California, pintando para llamar la atención sobre el proyecto Saguaro. Este año, siguió a las ballenas hasta la costa del Pacífico de la península, donde pasó dos meses acampada a lo largo de la ruta migratoria invernal de las ballenas grises, plasmando sus vocalizaciones en pinturas sobre lienzo.

Artista de territorios silvestres y activista, Beatriz Padilla ha participado —hasta la fecha— en 35 expediciones de pintura para la conservación de la naturaleza en áreas silvestres amenazadas y protegidas con alta biodiversidad; aquí, traduce el canto de la ballena gris en pintura como un acto de protección de lo silvestre. (Foto cortesía: Beatriz Padilla)

Este cambio refleja una creciente inquietud entre científicos y activistas con respecto a las poblaciones de ballenas. El hambre y otros factores han provocado que el número de ballenas grises en la costa del Pacífico mexicano se desplome de 27.000 a menos de 13.000 entre 2019 y 2024, en lo que los científicos denominan un “evento de mortalidad inusual”.

Esta mortandad está relacionada principalmente con la pérdida de hielo marino en el Ártico, lo que interrumpe el crecimiento de algas cruciales para la supervivencia de las ballenas, así como de los crustáceos ricos en aceite del fondo marino. Los investigadores informan que las ballenas llegan más delgadas y estresadas. En un solo año, se encontraron casi 900 ballenas grises muertas a lo largo de la costa del Pacífico, desde Alaska hasta México.

“Ya están sufriendo”, dijo Padilla, señalando una serie de presiones sobre las poblaciones de ballenas: el enredo en millones de toneladas de “redes fantasma”, es decir, artes de pesca abandonadas; el creciente tráfico marítimo, con su riesgo de colisiones y el incesante ruido submarino; la contaminación por plásticos, metales pesados ​​y escurrimientos agrícolas; y la sobrepesca, incluyendo la creciente demanda de productos a base de krill, un alimento esencial para muchas ballenas.

“No debemos añadir más presiones. Los proyectos para exportar GNL desde sus santuarios de apareamiento, parto y cría, y a lo largo de las rutas migratorias de las ballenas, ni siquiera deberían estar sobre la mesa”.

La intervención artística de Padilla es solo una de las muchas y creativas acciones ciudadanas destinadas a la cancelación de Saguaro y otras terminales de GNL para proteger este punto crítico de biodiversidad, incluida la demanda impulsada por Nuestro Futuro. Conexiones Climáticas ha llevado a cabo una campaña creativa que involucra a escuelas, empresas, vigilias coordinadas e incluso un concurso de avistamiento de ballenas, motivando a miles de personas a alzar la voz en defensa de estos animales.

El grupo se encuentra entre las más de 30 organizaciones que han llevado el caso ante organismos de Naciones Unidas, argumentando que los proyectos amenazan un ecosistema marino reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Esta presión ya está dando frutos: activistas celebraron recientemente el retiro de otra planta de GNL como el proyecto Vista Pacífico, previsto en Topolobampo, Sinaloa – una de las tres programadas para el Golfo de California.

“La estrategia de defensa del Golfo de California para impedir una industrialización que sería su sentencia de muerte es integral. Desde diplomacia y ciencia, y no solo la biología sino también la economía, hemos aportado argumentos contundentes de que las terminales de gas con fines de exportación son una pésima idea. No hay un solo beneficio para México, ni para sus comunidades, ecosistemas o territorios. Es una incongruencia ambiental, climática y económica, que además incrementa la vulnerabilidad energética del país porque nos pone a competir con presiones de otros mercados” explica García Muñoz  de DAN.

Científicos advierten de impactos “incalculables”
Un buque cisterna de gas natural licuado (GNL) puede ser hasta tres veces más grande que un campo de fútbol. (Departamento de Energía de Estados Unidos)

Científicos marinos advierten que el Golfo de California es particularmente vulnerable al aumento del tráfico marítimo. En un dictamen científico liderado por la investigadora Lorena Viloria y respaldado por la Sociedad Mexicana de Mamíferos Marinos (SOMEMMA), los expertos expresaron su “total oposición” al proyecto de GNL de Saguaro.

La carta, respaldada por más de 200 especialistas en mamíferos marinos, advierte sobre el impacto combinado. Las obras de construcción, el tráfico marítimo y el ruido submarino podrían tener efectos incalculables en las poblaciones de ballenas en una de las regiones marinas con mayor biodiversidad del mundo.

La región alberga al menos ocho especies de ballenas, incluyendo ballenas azules, jorobadas, de aleta y cachalotes, algunas migratorias que transitan por sus aguas y otras residentes que permanecen allí todo el año. Entre las más vulnerables se encuentra la ballena de aleta, una especie con una pequeña población genéticamente distinta en el Golfo, estimada en tan solo unos cientos de individuos.

“Esta es la ballena con la mayor tasa de colisiones con barcos del mundo”, afirmó Viloria, jefa del comité científico de SOMEMMA.

Las ballenas a menudo no pueden detectar ni evitar los grandes buques a tiempo, explicó, especialmente en una región donde el tráfico marítimo históricamente ha sido relativamente bajo. A medida que aumenta el tráfico marítimo, también aumenta la probabilidad de colisión.

Los buques metaneros proyectados para la región serían enormes —de hasta 300 metros de largo, aproximadamente la longitud de tres campos de fútbol— y los científicos advierten que representan un riesgo directo de colisión con las ballenas que salen a la superficie a respirar en las concurridas rutas marítimas.

Aún más preocupante es que la mayoría de las colisiones no se registran. Una ballena golpeada en mar abierto puede hundirse sin dejar rastro, mientras que los barcos a menudo no detectan el impacto.

“Estos barcos son tan grandes que pueden chocar con una ballena sin siquiera darse cuenta”, dijo Viloria.

Tales colisiones no son hipotéticas. En un caso documentado en Japón, un buque metanero llegó a puerto con una ballena muerta sobre su proa, una cruda muestra del peligroso desequilibrio entre los buques industriales y la vida marina.

El tránsito de buques de gas natural licuado (GNL) podría tener impactos devastadores en las ballenas, así como en otros mamíferos marinos, en uno de los mares con mayor diversidad del mundo. (Baja Expeditions)

El ruido es otra gran preocupación. Los grandes buques generan sonidos de baja frecuencia que pueden viajar largas distancias bajo el agua, interfiriendo con la capacidad de las ballenas para comunicarse, navegar y encontrar alimento.

“No existe solución posible para convencer a una ballena de coexistir con un rugido que le impide comunicarse para todas sus funciones vitales”, declaró Pablo Montaño, director de Conexiones Climáticas, en una entrevista realizada el año pasado por la periodista Carmen Aristegui.

Padilla, quien asistió a la conferencia SOMEMMA, entregó personalmente las cartas de los científicos a cinco agencias gubernamentales. A pesar de las advertencias de los científicos, las respuestas han sido limitadas.

En una respuesta formal, la Agencia Estatal de Seguridad Ambiental (ASEA) de México indicó que cualquier proyecto deberá cumplir con la normativa ambiental vigente y que las autoridades están revisando las aprobaciones anteriores.

Sin embargo, la agencia señaló que no sería apropiado suspender las actividades de proyectos que demuestren cumplir con los requisitos legales actuales.

Los opositores argumentan que el proyecto Saguaro se basa en un marco regulatorio cuestionable.

Según Claudia Campero, de Conexiones Climáticas, el proyecto tiene su origen en una propuesta de 2006 para un tipo de instalación muy diferente: una terminal de importación de GNL que nunca se construyó. El plan actual, en cambio, es un proyecto de exportación a gran escala.

Una obra en proceso dentro del refugio rústico que Beatriz Padilla construyó para protegerse del viento y del sol. (Beatriz Padilla)

“Están intentando usar el mismo permiso para un proyecto completamente diferente”, afirmó. “Las características y los impactos no son los mismos”.

Los defensores del medio ambiente señalan que esta distinción es crucial, y expresan su preocupación de que los impactos actuales —incluido el aumento del tráfico marítimo, las emisiones y los riesgos para la vida marina— no se evaluaron completamente en la aprobación original.

Ballenas o gas: Sin punto medio

La oposición a los proyectos se ha intensificado en los últimos meses, consolidándose en una campaña nacional conocida como Ballenas o Gas, una coalición de más de 40 organizaciones mexicanas que trabajan para detener la expansión del GNL en el Golfo de California.

La campaña ha reunido más de 300.000 firmas que exigen al gobierno federal que detenga los proyectos, a la vez que moviliza a estudiantes, empresas y comunidades costeras de todo el país. En las aulas, los niños han presentado miles de dibujos de ballenas; en restaurantes y cafeterías, los materiales de la campaña invitan a los clientes a tomar postura.

Pero para los organizadores, el mensaje es, en última instancia, contundente.

“No hay posibilidad de coexistencia entre estos megaproyectos de gas y las ballenas del Golfo de California”, declaró Claudia Campero, líder de la campaña.

“Esta es una lucha por su supervivencia”, añadió.

Beatriz Padilla traduce las vocalizaciones de las ballenas en pintura en su campamento cerca de la Laguna San Ignacio, un santuario donde las ballenas grises del Pacífico dan a luz y amamantan a sus crías. (Foto: Beatriz Padilla)

La campaña ha combinado organización de base con acciones legales, incidencia científica y presión internacional, lo que ha contribuido a retrasar permisos clave y, según los propios activistas, a que Sempra retirara su solicitud para el proyecto de GNL Vista Pacífico en Topolobampo, Sinaloa.

Al igual que el mucho más grande Saguaro, el proyecto estaba diseñado para licuar gas natural de origen estadounidense y exportarlo a mercados asiáticos, con exportaciones previstas para finales de esta década.

Otros proyectos, incluido el mucho más grande terminal de GNL Saguaro, continúan avanzando. Un tercer proyecto, Amigo LNG, también ha sido propuesto cerca de Guaymas.

En conjunto, estos proyectos transformarían el Golfo en un corredor para el transporte marítimo de GNL a gran escala, conectando la producción de gas de esquisto estadounidense con los mercados globales.

Para Campero, lo que está en juego va mucho más allá de un solo proyecto.

“Estamos convirtiendo a México en un corredor de tránsito —una zona de sacrificio— para un gas que ni siquiera es para nosotros”, afirmó.

Un detalle de la interpretación visual de Beatriz Padilla de las vocalizaciones de las ballenas: los patrones íntimos y ondulantes de una madre (rosa) y su cría (verde), superpuestos a ondas sonoras de largo alcance. (Foto: Beatriz Padilla)

Aunque la demanda global sigue siendo incierta, añadió, las empresas continúan impulsando proyectos que podrían transformar una de las regiones marinas con mayor biodiversidad del planeta.

“La pregunta es muy simple”, dijo. “¿Queremos ballenas o gas?”.

¿Qué está en juego para las comunidades costeras?

Más allá de los riesgos para las ballenas, los defensores advierten que la expansión de la infraestructura de GNL podría tener un impacto de gran alcance en las comunidades costeras que dependen del Golfo de California para su sustento.

“Incluso nueve relatores especiales de las Naciones Unidas han expresado su preocupación por la violación de derechos humanos y el retroceso en las metas de descarbonización que tendría México, violando tratados internacionales de los que es parte, si las plantas de licuefacción se hicieran realidad en el Golfo de California”, comenta García Muñoz. “El gobierno mexicano recibió cuestionamientos severos de parte de estos grupos especializados de la ONU”.

La región sustenta la pesca, la captura de camarones y una creciente industria de ecoturismo, además de ser una fuente de identidad cultural para muchas comunidades costeras, incompatible con la “infraestructura sumamente perjudicial” de una terminal de GNL, afirmó Mima Holt, especialista en GNL del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales.

Señaló un desarrollo similar a lo largo de la costa del Golfo de Estados Unidos en Texas y Luisiana, donde las comunidades han sido “prácticamente arrasadas por la industria del gas”.

“Un ejemplo de esto sería Freeport, Texas”, dijo. “Antes de la llegada de Freeport LNG, era una comunidad próspera, un importante destino vacacional para muchas de las ciudades cercanas en Texas. Pero ahora, Freeport LNG ha sido prácticamente desalojada, incluyendo a muchas de las familias que han tenido casas de playa allí durante generaciones, y ya no existe ese sentido de comunidad en las playas”.



El tráfico de GNL también tendría efectos devastadores en parques naturales y santuarios marinos protegidos por la UNESCO, como Cabo Pulmo en el Golfo de California. (Gustavo D. Danemana / Pronatura Noroeste)

Holt advirtió que el aumento del tráfico de buques cisterna y la actividad industrial podrían alterar los ecosistemas marinos de forma generalizada, afectando a las poblaciones de peces, el turismo y la seguridad alimentaria.

“Si este tipo de ruta marítima afecta a las ballenas, imagínense cuánto afectaría a la pesca en esa zona”, dijo Holt. “Y qué consecuencias tendría para la disponibilidad de este alimento para la población mexicana”.

Vigilando el Agua

De regreso en la costa del Pacífico, Padilla pasó dos meses observando a las ballenas. Desde una lancha, acompañaba a un pescador y tocaba una melodía conmovedora con su flauta; un par de ballenas grises, fascinadas, rodeaban la embarcación mientras ella tocaba. Antes de comenzar a pintar, llevaba el lienzo al agua y lo sumergía cuando una ballena curiosa se acercaba a la lancha.

En una entrada reciente de su diario, desde su campamento cerca de la Laguna San Ignacio, describió una temporada que ya comenzaba a cambiar. Muchas ballenas grises habían partido antes de lo habitual, escribió, y los avistamientos se habían vuelto cada vez más escasos.

En una de sus salidas, encontró el cuerpo de una ballena joven.

“Se siente la ausencia de las ballenas”, escribió.

Varias poblaciones de ballenas ya están desapareciendo debido a presiones ambientales. Este proyecto sería catastrófico para su futuro. (Thomas Kelley / Unsplash)

Los científicos advierten que es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas sobre las causas de los cambios en los patrones de las ballenas. Pero estos cambios se están observando de cerca en una región que ya sufre la presión del cambio climático, el desarrollo industrial y el aumento de la actividad humana.

Para Padilla, la experiencia ha reforzado un sentido de urgencia.

“Las ballenas realmente nos necesitan”, afirmó.

Mientras los planes para el desarrollo del GNL siguen avanzando, investigadores y defensores señalan que la pregunta ya no es si el Golfo de California cambiará, sino cuánto y a qué costo.

Tracy L. Barnett

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