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Xochimilco en una encrucijada: De la crisis a las soluciones comunitarias
By Tracy L. Barnett Posted in Activismo, Agua, Territorio y Resistencia, Mexico on 10 abril, 2026 0 Comments
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Tracy L. Barnett
Mexico News Daily/El Proyecto Esperanza

A sus 90 años, la abuela Amalia Salas aún recuerda cuando las aguas de Xochimilco eran cristalinas.

De niña, recorría una vasta red de canales bordeados de chinampas, las islas agrícolas flotantes que alguna vez abastecieron a la Ciudad de México. Aprendió a cocinar con ingredientes nativos cosechados del sistema lacustre, siguiendo recetas transmitidas de generación en generación, algunas elaboradas con especies que ya han desaparecido. El agua era potable y el ecosistema rebosaba de vida.

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La residente y activista de Xochimilco, Amalia Salas Casales —mejor conocida como “Abuela Amalia”— recuerda cuando los canales de las chinampas del pueblo aún estaban prístinos. Salas, a la izquierda, ha dedicado 60 años a luchar por su restauración. (Tracy L. Barnett)

Hoy, gran parte de ese sistema, el último vestigio del Gran Tenochtitlán que Hernán Córtes y sus hombres encontraron, está asfixiado por la contaminación y se reduce bajo la presión de la expansión urbana, el turismo y el abandono. El ajolote, un pequeño anfibio que solo se encuentra en estas aguas, se ha convertido en un ícono mundial, presente en juegos y juguetes, incluso cuando se encuentra al borde de la extinción en estado salvaje.

Durante décadas, la Abuela Amalia, como se la conoce popularmente, ha luchado por defender lo que queda de la zona, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987. Ahora, tras presenciar la lenta degradación del paisaje donde creció, forma parte de un nuevo esfuerzo por restaurarlo, un esfuerzo que aúna el conocimiento ancestral, la ciencia, la comunidad y el derecho en un ambicioso intento por repensar la gobernanza del territorio.

El sistema de canales de Xochimilco está contaminado, y su fauna emblemática —como el ajolote— se encuentra en riesgo de extinción. (Regeneration International)

Los 60 años de activismo de la Abuela Amalia culminaron este mes en la Cumbre Internacional Xochimilco Vida y Paz, una cumbre de cuatro días que reunió a alrededor de 170 participantes de todo México y de al menos cinco países —entre ellos Colombia, Argentina, Alemania, Chile y Estados Unidos— incluyendo chinamperos, líderes indígenas, científicos, legisladores y organizaciones de la sociedad civil.

Celebrada durante el equinoccio de primavera en la zona ecológica de Xochimilco, la cumbre se diseñó no solo para diagnosticar la crisis que enfrenta el sistema lacustre, sino también para proponer soluciones concretas. Esta cumbre de Xochimilco sigue el modelo de las anteriores celebradas en Palenque, Chiapas, y Bacalar, Quintana Roo. 

Fue la abuela Amalia quien viajó a la cumbre de Bacalar el año pasado, proponiendo que el encuentro se trasladara a Xochimilco, no como un gesto simbólico, sino como un llamado a defender un territorio vivo amenazado. La abuela Amalia sitúa el punto de inflexión a principios de la década de 1990, cuando los cambios en las leyes agrarias mexicanas abrieron las tierras comunales a la privatización, acelerando la fragmentación del sistema de chinampas de Xochimilco. A lo largo de las décadas, un paisaje que alguna vez abarcó aproximadamente 170 kilómetros cuadrados se ha reducido a una mínima parte de su extensión original: hoy en día, se identifican aproximadamente 2000 hectáreas, según la UNESCO.

Cargado de simbolismo arraigado en el pasado indígena de la región, el evento trascendió la ceremonia para presentar propuestas concretas para revertir el deterioro ecológico de Xochimilco.

Los participantes delinearon una estrategia que combina la restauración ecológica, la gobernanza comunitaria y una iniciativa legal para reconocer el sistema lacustre de Xochimilco como un “sujeto de derechos”. El objetivo: pasar de esfuerzos de conservación fragmentados a un modelo coordinado que trate al ecosistema como una entidad viva con derechos, y que otorgue a las comunidades locales un papel central en su protección.

Los participantes de la cumbre de Xochimilco, la Cumbre Internacional Xochimilco Vida y Paz, se reunieron para compartir ideas y buscar un camino viable hacia la restauración y la sostenibilidad. (Tracy L. Barnett)

Cómo funcionó la Cumbre

Para el organizador Luis Prekoma, llevar la cumbre a Xochimilco fue tanto simbólico como urgente: situar las conversaciones globales sobre la crisis ecológica en un territorio donde lo que está en juego es inmediato y visible.

“Esto no se trata solo de Xochimilco”, dijo, describiendo el encuentro como parte de un esfuerzo más amplio para repensar la relación de la humanidad con la naturaleza. “Se trata de generar modelos que puedan replicarse en otros territorios”.

Durante cuatro días, la cumbre se desarrolló en diversos espacios, combinando encuentros ceremoniales, debates sobre políticas y sesiones de trabajo que reunieron a actores que rara vez comparten la misma mesa: desde agricultores de chinampa y ancianos indígenas hasta científicos, legisladores y organizaciones sin fines de lucro.

  • El primer día comenzó con una ceremonia de “condecoración” en el sitio arqueológico de Cuicuilco, en honor a los defensores de la tierra y el agua que han sostenido el territorio a lo largo de generaciones.
  • El segundo día se centró en el foro “Ecosistema Xochimilco: Sujeto de Derechos”, donde participantes de diversos ámbitos intercambiaron conocimientos y elaboraron propuestas para activar la jurisprudencia de los Derechos de la Naturaleza en la zona.
  • El tercer día se convocó al Parlamento Comunitario de Xochimilco, un espacio de toma de decisiones colectivas donde chinamperos y representantes de la comunidad comenzaron a definir estrategias concretas para la restauración del antiguo sistema agrícola.
  • El cuarto día culminó con la declaración de Xochimilco como “Santuario de Vida y Paz”, reconociendo formalmente al sistema lacustre como un ser vivo y marcando el inicio de un esfuerzo comunitario para asegurar su estatus legal como sujeto de derechos.
Una cumbre es un espacio de encuentro donde distintos tipos de conocimiento dialogan en un plano de igualdad. (Tracy L. Barnett)

Yuluka Kankura, de Colombia, quien ha participado en encuentros similares en toda América, describió la cumbre como un espacio donde diferentes formas de conocimiento podían confluir en igualdad de condiciones.

“No son solo reuniones”, afirmó. “Son procesos, espacios donde se forjan relaciones, donde se escucha y donde comienzan a tomar forma caminos colectivos.”

Uno de los resultados más importantes, dijo, fue el compromiso de reunirse anualmente y llevar a cabo un proceso de evaluación.

Para ella, ese compromiso marca un cambio de enfoque, pasando de encuentros puntuales a algo más sostenido y responsable.

“Es un compromiso importante, porque garantiza la continuidad”.

Cultura + Cosmovisión

Si bien la cumbre apunta hacia nuevas formas de gobernanza, su fundamento reside en algo mucho más antiguo.

Para Montserrat López, miembro del comité organizador, el encuentro representó tanto una renovación cultural como una reflexión política. A través del canto, la danza y la ceremonia, los participantes evocaron una cosmovisión en la que la naturaleza no es un recurso, sino un sistema vivo al que pertenecen los seres humanos.

“Somos el nuevo amanecer en movimiento”, afirmó, describiendo un momento de canto colectivo que enmarcó el encuentro como parte del nacimiento de un nuevo ciclo, al que algunos participantes se refirieron como el Sexto Sol.

En ese espacio, explicó López, las fronteras entre disciplinas comenzaron a disolverse. “Es el punto donde se encuentran la cultura y la ciencia”, dijo, no como formas opuestas de conocimiento, sino como caminos complementarios hacia la comprensión y el cuidado del territorio.

Las chinampas de Xochimilco producen una amplia diversidad de alimentos de alta calidad. (Tracy L. Barnett)

Soluciones: Surge una vía legal

Norma Amalia Cerón Sánchez, abogada constitucionalista y administrativista y nieta de una mujer originaria de Xochimilco —su abuela paterna, María—, relató que su vínculo con el territorio también está marcado por la memoria familiar y los sueños, incluyendo uno con su bisabuelo que ayudó a despertar su camino. Desde ahí, enmarcó las ambiciones jurídicas de la cumbre junto a una realidad más inmediata: las leyes ambientales en México, señaló, suelen ser sólidas en el papel, pero débiles en su aplicación.

Para atender esa brecha, los participantes impulsaron una propuesta para reconocer al sistema lacustre de Xochimilco como “sujeto de derechos”, como parte de un esfuerzo más amplio por otorgar personalidad jurídica a la naturaleza a nivel federal. La idea se inspira en marcos legales emergentes en América Latina, donde los ecosistemas son cada vez más reconocidos como entidades vivas con derechos que la ciudadanía puede defender.

“Se trata de darle voz al territorio”, dijo Cerón. “No sólo protegerlo en el papel, sino crear mecanismos para que esas protecciones realmente se puedan hacer valer.”

Pero para Cerón, la urgencia va más allá de la legislación.

Más allá del marco jurídico, señaló que ya se están dando pasos concretos. Invitó a investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Azcapotzalco —incluida su rectora, la Dra. Yadira Zavala Osorio, y la Dra. Fabiola Sosa— a sumarse al esfuerzo de rehabilitación de Xochimilco, retomando el trabajo de restauración que ya realizan en la Laguna La Piedad.

Los participantes de la cumbre de Xochimilco quizá no logren cambiar la ley (aunque lo están intentando). Pero lo que sí pueden transformar son las acciones, a través del activismo comunitario. (Tracy L. Barnett)

Ellos aceptaron, dijo, y se espera que integren un equipo multidisciplinario de estudiantes e investigadores, junto con voluntarios, para apoyar las labores de restauración en territorio. El objetivo es construir un puente entre el conocimiento académico y la práctica local, con los propios chinamperos participando en la formación de los equipos mediante métodos ancestrales, incluyendo técnicas para la recuperación de canales sin afectar la vida vegetal y animal.

Más que esperar una reforma legal, enfatizó, el trabajo ya está en marcha.

“No sé si logremos la ley,” dijo. “Pero lo que sí podemos lograr son las acciones.”

Un cambio territorial

Para José Luis Sánchez Campos, uno de los organizadores del foro, la crisis en Xochimilco no puede entenderse —ni resolverse— de forma aislada. Lo que está en juego, afirmó, no es solo la degradación de un ecosistema, sino el desmoronamiento de toda una forma de vida.

“Este es el resultado de siglos de ruptura”, dijo, refiriéndose al desplazamiento gradual de los sistemas indígenas de conocimiento y gobernanza por modelos extractivos y urbanos que tratan la tierra y el agua como mercancías.

El sistema de chinampas, explicó, no es simplemente una técnica agrícola, sino una expresión viva de esa relación ancestral, una que integra la producción de alimentos, la gestión del agua y el equilibrio ecológico.

“No se puede solucionar esto con la misma lógica que creó el problema”, afirmó. “Tenemos que volver a una forma de pensar donde el territorio esté vivo”.

Según argumentó, ese cambio requiere más que soluciones técnicas. Exige una convergencia entre el conocimiento científico y las prácticas ancestrales, no como enfoques paralelos, sino como parte de un marco único para la regeneración.

“Es hora de pasar del diagnóstico a la acción”, afirmó. “Ya sabemos lo que hay que hacer”.

What is at stake is not simply the degradation of an ecosystem but an entire way of life. (Tracy L. Barnett)

De la visión a la acción

Más allá del lenguaje de los derechos y la regeneración, los participantes señalaron una serie de pasos concretos que ya están en marcha.

En el centro se encuentra el recién formado Parlamento Comunitario de Xochimilco, que servirá como órgano coordinador para impulsar las propuestas. Entre sus miembros fundadores se encuentran 22 chinamperos, y está organizado en grupos de trabajo temáticos —que incluyen restauración ecológica, estrategia legal, educación y comunicación— diseñados para traducir las ideas de la cumbre en acciones continuas lideradas por la comunidad.

En el foro sobre los Derechos de la Naturaleza de la cumbre, estudiantes, investigadores y productores de chinampa comenzaron a esbozar propuestas aplicadas —desde el monitoreo del agua y la restauración ecológica hasta modelos de gobernanza diseñados para apoyar a las comunidades chinampas en el terreno.

Otras iniciativas se centraron en reconstruir el tejido social que sustenta el ecosistema. Los participantes discutieron la organización de tequios —jornadas de trabajo colectivo arraigadas en la tradición indígena— para apoyar a los chinamperos en la restauración de canales y parcelas agrícolas. Las estrategias culturales también forman parte del esfuerzo: Se propusieron el teatro comunitario y otras formas de narración como maneras de reconectar a las generaciones más jóvenes con el territorio y su historia.

Al mismo tiempo, los organizadores destacaron un tema central: la aplicación de la ley. Señalaron que las leyes ambientales vigentes se ignoran con frecuencia. Las propuestas discutidas en la cumbre incluyen nuevos mecanismos para exigir responsabilidades a las instituciones en materia de cumplimiento, un cambio que podría resultar tan crucial como cualquier nueva legislación.

Los ajolotes son nativos de los canales de Xochimilco, donde los agricultores han cultivado alimentos en chinampas (jardines flotantes) desde antes de la Conquista española. (Sedema CDMX)

De las propuestas a la implementación

Las propuestas de la cumbre se consolidaron en un informe de 17 páginas que describe una hoja de ruta para los próximos cinco años, con el objetivo de lograr el reconocimiento legal del sistema lacustre de Xochimilco como sujeto de derechos para 2030.

El documento también solicita la creación de un equipo legal interdisciplinario para impulsar la legislación sobre derechos de la naturaleza y emprender litigios estratégicos, junto con alianzas con universidades para apoyar la investigación, la capacitación y el desarrollo de capacidades técnicas.

¿Puede la gobernanza impulsada por la comunidad ser el camino a seguir para Xochimilco? Los participantes de la cumbre confían en que así sea. (Tracy L. Barnett)

Los participantes también se comprometieron a extender el modelo más allá de Xochimilco mediante una red de “Santuarios de Vida y Paz”, estableciendo mecanismos para monitorear el progreso y mantener la coordinación entre comunidades, instituciones y organizaciones de la sociedad civil.

En conjunto, los acuerdos marcan un cambio de una reunión puntual a un proceso continuo, que busca institucionalizar la gobernanza liderada por la comunidad y, al mismo tiempo, construir la infraestructura legal y científica necesaria para sostenerla.

De regreso en Xochimilco, la abuela Amalia reflexionó sobre lo que significaba ver la cumbre arraigarse en el lugar donde ha vivido toda su vida.

Ahora, a sus casi 90 años, mide el tiempo de otra manera.

“No, dos… solo dos años más”, dijo al preguntarle qué esperaba. “Dos años más para hacer más por los niños y los jóvenes… Mientras tenga vida, seguiré luchando”.

Para Amalia, este esfuerzo no es abstracto. Se trata de proteger una forma de vida que conoció y de asegurar que quienes vengan después tengan la oportunidad de heredarla.

Tracy L. Barnett

Abuela Amalia ajolotes Xochimilco


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