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La corrupción de la ciencia en México
La censura de los científicos y la manipulación, distorsión y supresión de la información científica son una amenaza para la ciencia.
By Victor M. Toledo Posted in Sin categoría on 26 septiembre, 2021 3 Comments
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Nota de la editora: La semana pasada, el fiscal general de México solicitó órdenes de arresto para 31 científicos, investigadores y académicos anteriormente empleados por Conacyt por cargos de corrupción o, como diría el Dr. Toledo, desvío de fondos públicos que no benefició al país. La comunidad científica ha respondido con indignación a esta historia en desarrollo que ejemplifica la tesis del Dr. Toledo, publicada en el periódico mexicano La Jornada el 24 de agosto.

Estamos viviendo el pináculo o la cresta de la corrupción en el mundo. El uso y abuso del poder político y económico, del conocimiento o de la posición jerárquica. La lista incluye empresarios, magnates, banqueros, empleados públicos, presidentes y primeros ministros, reyes, príncipes y princesas, sacerdotes, obispos y arzobispos, diplomáticos, rectores, gente de deportes, arte y ciencia y un largo etcétera.

Este fenómeno coincide con la máxima concentración de riqueza en la historia representada por las ganancias de las corporaciones automovilísticas, petroleras, carboníferas, nucleares, mineras, alimentarias, farmacéuticas, químicas, agroquímicas, biotecnológicas, cementeras, turísticas, metalúrgicas, de telecomunicaciones, armamentísticas y demás.

Para llegar a ello el poder corporativo fue poniendo a su servicio el conocimiento científico y técnico de cada rama y ello supuso la creación de un ejército de investigadores especializados, capaces de atender eficientemente fracciones del conocimiento, sin poner en duda sus implicaciones éticas ni sus riesgos para la humanidad o el entorno planetario.

Esta tecnociencia con investigadores obedientes fue lograda por la imposición de un dogma: 

todo conocimiento científico y técnico es moralmente bueno, pues sólo hay una Ciencia, inmaculada y al servicio del desarrollo, la paz y la humanidad.

En las últimas décadas las corporaciones no sólo consolidaron sus propios cuerpos de ciencia y tecnología, sino que fueron penetrando, cooptando y poniendo a su servicio la ciencia realizada desde las universidades y tecnológicos públicos y privados y las instituciones gubernamentales (véase el caso de Estados Unidos: https://www.ucsusa.org/resources/heads-they-win-tails-we-lose).

To read this article in English click HERE

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Nota del editor Joe Mikulka: Como sugiere el Dr. Toledo, este tema es de alcance internacional. Dos artículos ilustran este punto. La primera es “La ‘gran mentira’ del hidrógeno azul comienza ignorando la economía básica” de Justin Mikulka (periodista de investigación con título en ingeniería civil y ambiental de Cornell), publicado en el blog DeSmog (10 de septiembre de 2021).

Mikulka: “Las dos mayores afirmaciones falsas sobre el hidrógeno azul son que es energía limpia y que es económicamente viable”.

En primer lugar, relata que la Asociación de Pilas de Combustible e Hidrógeno del Reino Unido presentó una afirmación falsa de la viabilidad económica del hidrógeno azul a la Tesorería del Reino Unido. Luego presenta el Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, o CGEP (financiado principalmente por la industria del petróleo y el gas), que impulsa activamente el hidrógeno azul como energía limpia. Mikulka asistió a una presentación del CGEP titulada “Hidrógeno Cero” (C, Carbono). El panel estuvo fuertemente compuesto por funcionarios expertos de Arabia Saudita, que exporta metano.

El propio Dr. Toledo fundamenta el caso en los Estados Unidos citando un informe de investigación publicado por la Union of Concerned Scientists de Estados Unidos en 2012. El siguiente extracto describe cómo las corporaciones corrompen y adoptan la ciencia; trágicamente, los hallazgos son tan ciertos hoy como cuando se publicaron hace casi una década.

Heads They Win, Tails We Lose:
Cómo las corporaciones corrompen la ciencia a costa de la gente

Nota de la traductora: El título del libro podría traducirse al español como “Águila ganan ellos, sol perdemos nosotros”, ya que en Estados Unidos a los dos lados de la moneda se les dice “Heads or tails” cuando se hace un “volado” lanzando una moneda al aire.

Publicado por la Union of Concerned Scientists

Feb 17, 2012.

Los tomadores de decisiones federales necesitan acceso a la mejor ciencia disponible para elaborar políticas que protejan nuestra salud, seguridad y medio ambiente.

Federal decision makers need access to the best available science in order to craft policies that protect our health, safety, and environment.

Desafortunadamente, la censura de los científicos y la manipulación, distorsión y supresión de la información científica han amenazado a la ciencia federal en los últimos años.

Este problema ha suscitado mucho debate, pero pocos han identificado el factor clave de la interferencia política en la ciencia federal: la influencia inapropiada de las empresas con intereses económicos en el resultado.

Un nuevo informe de UCS [Union of Concerned Scientists], Heads They Win, Tails We Lose, muestra cómo las corporaciones influyen en el uso de la ciencia en la toma de decisiones federal para servir a sus propios intereses.

Métodos de abuso

El informe describe cinco métodos básicos que utilizan las empresas para influir en los procesos científicos y de formulación de políticas:

Corrompiendo la ciencia. Las corporaciones reprimen la investigación, intimidan a los científicos, manipulan los diseños de los estudios, escriben artículos científicos de forma fantasma y publican de forma selectiva resultados que se adapten a sus intereses.

Dar forma a la percepción pública. Los intereses privados minimizan la evidencia, exageran la incertidumbre, difaman a los científicos, se esconden detrás de los grupos de fachada y alimentan a los medios de comunicación con noticias sesgadas.

Restringir la eficacia de la agencia. Las empresas atacan la ciencia detrás de la política de la agencia, obstaculizan el proceso regulatorio, corrompen los paneles de asesores, explotan la “puerta giratoria” entre el empleo corporativo y gubernamental, censuran a los científicos y ocultan información al público.

Influir en el congreso. Al gastar miles de millones de dólares en cabildeo y contribuciones de campaña, los intereses corporativos obtienen acceso indebido a los miembros del Congreso, alentándolos a desafiar el consenso científico, retrasar la acción sobre problemas críticos y dar forma al uso de la ciencia en la formulación de políticas.

Explotación de vías judiciales. Los intereses corporativos han ampliado su influencia en el sistema judicial, han utilizado los tribunales para socavar la ciencia y se han aprovechado de los procesos judiciales para intimidar y silenciar a los científicos.

Continuar leyendo el informe UCS en español

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En México, las tres décadas de neoliberalismo, la obscena complicidad entre el poder político y económico, no sólo dejaron un país devastado, también crearon regímenes corruptos que trastocaron buena parte de los ámbitos institucionales de la nación. Y la ciencia no fue la excepción. Ello fue una combinación de acciones institucionales con los roles jugados por una élite de académicos que ejecutaron, propiciaron y/o aprobaron esas acciones. Un recuento de los principales desvíos de los fondos públicos hacia una ciencia y tecnología que no benefició al país entre 2000 y 2013 fue realizado por la directora del Conacyt en la conferencia mañanera del 20 de octubre de 2020.

Por su parte, Ricardo Balderas, periodista de investigación realizó el informe La mafia de la ciencia, donde muestra cómo el Foro Consultivo de Ciencia y Tecnología se convirtió en una asociación civil para que un grupo de académicos usurpara funciones públicas para beneficiarse durante 16 años de fondos del Conacyt, unos 50 millones anuales (https://lamafiadelaciencia.projectpoder.org/).

En una carta hecha pública recientemente (https://concienciacritica2021. wordpress.com) unos 400 académicos denunciaron: 

  • La actual Ley de Ciencia y Tecnología, publicada en 2002, ha sido objeto de ocho reformas que permitieron una galopante privatización y liberalización de los recursos públicos;
  • El patrón común fue la mercantilización de los sujetos y productos del conocimiento;
  • La administración de los fondos fue a través de 65 fideicomisos; uno por ciento de los cuales recibió 40 por ciento de estos recursos.

La carta expone las millonarias transferencias a fondo perdido que en el pasado el Conacyt hizo a empresas y corporaciones, como Intel (200 millones de pesos), Cummins (61 millones), Volkswagen (132 millones), Nemak (104 millones) e incluso al gigante Monsanto (20.8 millones), así como a universidades privadas.

Un acto notable del contubernio entre gobierno neoliberal y corporaciones fue el nombramiento que en 2013 hizo E. Peña Nieto, a Francisco Bolívar Zapata (FBZ) como titular de la Coordinación de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Presidencia. FBZ es el científico que lidereó la defensa e introducción de los cultivos transgénicos en México y a quien se debe que las secretarías de Agricultura y del Ambiente se aliaran con Monsanto, Syngenta, Dow y Phil para sembrar maíz y soya transgénicos. Esos intentos fueron detenidos por una demanda legal que una colectividad de 53 personas y 20 organizaciones logramos el 5 de julio de 2013 y contra la cual el gobierno neoliberal litigó a favor de las corporaciones usando recursos públicos.

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Parte II: 7 Sept. 2021: https://www.jornada.com.mx/2021/09/07/opinion/020a2pol

En la primera parte de este ensayo dimos cuenta de cómo bajo los regímenes neoliberales la política científica dio lugar a corrupciones de escala institucional, como el contubernio entre el Conacyt y las empresas y corporaciones o la creación de fideicomisos y asociaciones civiles. Se trató de una desviación del objetivo que debe perseguir la ciencia de un país, que es contribuir a la satisfacción plena de sus ciudadanos.

Esta última parte explora el papel jugado por los investigadores o académicos sin los cuales la corrupción institucional no sería posible. Ello implica examinar el rol que juega la ideología cientificista o tecnocientífica. En estas últimas décadas se ha consolidado un proceso global de acrecentamiento de la investigación por parte de las gigantescas corporaciones y por la cooptación de la ciencia pública (la realizada en universidades y organismos de gobierno) por parte de esas mismas empresas. El mundo ha visto la conversión gradual o súbita de la ciencia pública o social hacia una ciencia corporativa donde los objetivos de la investigación están dirigidos a incrementar la rentabilidad y las ganancias de las empresas patrocinadoras. Este proceso ha sido facilitado por la reiterada imposición de la ideología cientificista en las comunidades académicas.

Tres son los principales mitos que engalanan el cientificismo.

El primero atañe a la fetichización de la ciencia. Siempre se tiende a hablar de La Ciencia (con mayúsculas) elevada a una suerte de entidad suprema, en vez de reconocer las diferentes modalidades del quehacer científico, cada una de las cuales persigue fines diferentes y hasta antagónicos. No hay una, hay muchas ciencias.

Este fetiche se ve acompañado, segundo mito, por la falsa idea de que toda actividad científica es automáticamente benéfica, moralmente buena e ideológica y políticamente neutra.

El tercer mito lo ha descrito con precisión Jorge Reichmann: 

El conocimiento científico es un gran bien. Pero, ¿cómo pueden tantos investigadores caer en la ingenuidad cientificista de creer que simplemente incrementar el conocimiento conducirá a la mejora de la condición humana? El progreso científico no implica necesariamente progreso humano.

En México lo anterior ha quedado demostrado. La curva del presupuesto en ciencia y tecnología desde la fundación del Conacyt en 1971 ha sido ascendente, y sin embargo la pérdida de bienestar de los mexicanos y el deterioro de su entono natural y ambiental se incrementó de forma dramática. La exigencia de más presupuesto como acto automáticamente virtuoso es entonces un argumento falaz.

Para el caso de México, ya en un ensayo anterior mostramos cómo la orientación, los enfoques e incluso los marcos teóricos y metodológicos de muchas áreas de la investigación estaban marcados por los intereses del capital. Ello se ponía de manifiesto en la agronomía, la hidráulica, la biomedicina, la química, la biotecnología, la ecología y el estudio de la biodiversidad (https://acortar.link/0k7YL6).

La atmósfera general de mercantilización que prevaleció durante el periodo neoliberal en México, vino a agregar un cuarto factor al imaginario cientificista que facilitó la corrupción. Muchos investigadores compraron la idea, al calor de lo que sucedía en toda la sociedad, de convertirse en investigadores para la innovación no social sino mercantil. Ya antes los discursos oficiales habían introducido la idea de la innovación, y este nuevo atributo sin excepción se entendió como contribuciones a las empresas privadas nacionales e internacionales. De ahí la absurda idea de medir los avances por el número de patentes.

Como lo hicieron los políticos que se creyeron empresarios (y viceversa), muchos colegas se convirtieron en científicos emprendedores con cabezas de Darwin, cuerpos de Rockefeller y garras de Bill Gates (A. Barreda, 2021). De ahí proliferaron las empresas de biotecnología, las consultoras ambientalistas o biomédicas, las firmas dedicadas a la asesoría agroindustrial, informática o química. Sin ningún escrúpulo los principales ecólogos del país se dedicaron a lavar la imagen de las mayores empresas contaminadoras y ecocidas, y los biotecnólogos se coinvirtieron en accionistas de las corporaciones. De manera normal, los subsidios, premios, becas y apoyos fluyeron desde las corporaciones hacia los centros de investigación biológica, ecológica, biotecnológica, agronómica, biomédica y química.

En suma, la mercantilización que alcanzó todos los ámbitos de la vida social del país llegó también a la ciencia y volvió normales un conjunto de actitudes, valores y prácticas carentes de ética. Hoy requerimos, con urgencia, del rescate y reimpulso de una ciencia y tecnología con vocación de servicio, y esto implica la presencia de investigadores críticos con conciencia social y ambiental.

Víctor M. Toledo, científico investigador del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad), Campus Morelia UNAM, es un biólogo mexicano con doctorado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El Dr. Toledo se desempeñó como jefe de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) en la administración del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, de mayo de 2019 a septiembre de 2020.

Este artículo fue publicado originalmente en La Jornada y es compartido aquí con permiso del autor.

Foto de portada: Oficinas del Conacyt, por Creativos Universitarios UNAM.

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  1. Esta bueno el articulo pero ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre, es bueno señalar las inmoralidades pero la ciencia no tiene la culpa de lo que en realidad son los grandes problemas nacionales del país, pérdida de territorio nacional por el crimen organizado (para no ir mas lejos, Aguililla, Tepalcatepec, Infiernillo), la corrupción oficial es 100 veces más grande que la posible corrupcion científica, la extorsión nacional con todos los pequeños negocios que pagan o cuello, secuestros, ejecuciones, etc. la ciencia es tal vez un mancha dentro del pantano nacional y estatal, es más fácil ir por un grupo científico que presuntamente cometió algún delito que por un malviviente que a diario comete delitos en las carreteras nacionales y del estado, aún en autopistas. De esto no se habla en el Foro Nacional diario.