
Tracy L. Barnett
Para Mexico News Daily
Quizá alguien debió clavarle una estaca en el corazón.
En mayo, muchos dieron por muerto a Perfect Day México, de Royal Caribbean, cuando la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, anunció que el enorme parque acuático proyectado para Mahahual, Quintana Roo, no sería autorizado.
Pero la propuesta para el gigantesco parque acuático extremo, con una inversión de más de mil millones de dólares, no había sido enterrada después de todo.
Royal Caribbean retiró su solicitud de autorización ambiental antes de que las autoridades pudieran rechazarla formalmente, dejando al gigante de los cruceros libre para regresar con una propuesta modificada.
Ahora, la batalla de los habitantes ha llegado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que el 10 de agosto acordó por unanimidad revisar tres impugnaciones contra los cambios de uso de suelo aprobados de manera acelerada que hicieron posible Perfect Day.
Lo que está en juego va mucho más allá del destino de un parque acuático. La disputa involucra un desarrollo junto al Sistema Arrecifal Mesoamericano, la segunda barrera de coral más grande del mundo; una campaña nacional que reunió más de 5 millones de firmas; y ahora una cuestión que podría sentar precedente: ¿Qué oportunidad deben tener los ciudadanos mexicanos para impugnar decisiones de desarrollo capaces de transformar permanentemente los lugares donde viven?
Un arrecife transformado
Cuando Luis Fernando Amezcua comenzó a bucear frente a Mahahual hace casi tres décadas, recuerda un Caribe muy distinto: aguas unos 3 grados centígrados más frías, con arrecifes llenos de color y una extraordinaria diversidad de vida marina.
El arrecife sigue siendo extraordinario. Quien bucea allí por primera vez fácilmente puede quedar deslumbrado por su diversidad. Pero para Amezcua, las pérdidas son imposibles de ignorar.
Si pudiera llevar a un visitante a cualquier lugar de Mahahual, dijo, bucearía con él justo frente al pueblo. Después le mostraría fotografías de ese mismo arrecife hace 20 años y dejaría que el contraste hablara por sí solo.
Los problemas de Mahahual no terminan en la orilla. Amezcua dice que el sistema de aguas residuales ya está rebasado en un pueblo de aproximadamente 3,000 habitantes, donde un solo crucero puede llegar con 6,000 pasajeros —y en un mismo día pueden arribar hasta cuatro barcos.
Y en el suelo calizo y poroso de la península de Yucatán, lo que ocurre en tierra no necesariamente se queda allí. El agua contaminada puede desplazarse rápidamente por el acuífero subterráneo hacia el mar, sumando otra fuente de presión sobre un arrecife ya vulnerable.
Para Amezcua, quien vive en Mahahual desde hace unos 17 años y forma parte del colectivo ciudadano Salvemos Mahahual, la cuestión no es si el pueblo debe desarrollarse.
Es qué tipo de desarrollo —y cuánto puede soportar el ecosistema.
De cuatro pisos a 20
Para dar cabida al proyecto de la empresa hubo que cambiar las reglas.
En diciembre de 2025, el municipio de Othón P. Blanco aprobó modificaciones al programa de desarrollo urbano sobre 107.67 hectáreas —el equivalente a unos 200 campos de fútbol americano— en menos de tres semanas, un proceso que, según la abogada Irma Morales, normalmente tarda entre ocho meses y un año.
Entre los cambios, la altura máxima permitida en parte del predio saltó del equivalente a unos cuatro pisos a aproximadamente 20 —justo lo que Royal Caribbean necesitaba para el parque acuático de récord que proponía. La compañía había promocionado Jaguar’s Peak, de más de 52 metros de altura, como la torre de toboganes acuáticos más alta de Norte y Sudamérica.
Morales, abogada de Defendiendo el Derecho a un Medio Ambiente Sano (DMAS), dijo que los cambios fueron aprobados sin los estudios ni la participación pública exigidos por la ley.
Los habitantes los impugnaron ante tribunales federales.
Sus casos ni siquiera llegaron a las cuestiones ambientales. Los jueces los desecharon al considerar que los habitantes habían presentado sus recursos demasiado tarde; en uno de los casos, aplicaron un plazo de apenas 15 días para que los ciudadanos reaccionaran.
Pero Morales dijo que los habitantes ni siquiera sabían que el plan de uso de suelo había sido modificado mientras ese plazo corría.
Esa disputa es la que ahora ha llevado a Mahahual ante la Suprema Corte. Lo que está en juego es una cuestión más amplia de justicia ambiental: ¿Qué tan significativo es el derecho a impugnar decisiones capaces de transformar una comunidad y su entorno si sus habitantes tienen apenas unas semanas para enterarse de ellas, comprender sus implicaciones y acudir a los tribunales?
Los ministros no decidirán si Royal Caribbean puede construir Perfect Day. Pero su fallo podría establecer nuevas reglas sobre cuándo y cómo las comunidades de todo México pueden impugnar decisiones de uso de suelo con consecuencias ambientales potencialmente irreversibles.
Eso podría afectar a comunidades que luchan contra proyectos turísticos, inmobiliarios e industriales mucho más allá de Mahahual.
Cómo una lucha local se convirtió en causa nacional
Mucho antes de que interviniera el gobierno federal, la lucha de Mahahual ya se había convertido en una causa nacional. Los habitantes llevaban meses organizándose cuando Greenpeace México y otras organizaciones nacionales se sumaron.
La respuesta sorprendió incluso a activistas veteranos.
Una petición de Greenpeace contra Perfect Day reunió finalmente 846,646 firmas. Creadores de contenido mexicanos de alto perfil, entre ellos el crítico de cine Javier Ibarreche y el creador de viajes Alan Estrada, se pronunciaron contra el proyecto, mientras las redes mexicanas de fans de BTS y Taylor Swift pusieron su formidable alcance en redes sociales al servicio de la causa.
Para Ornela Garelli, directora de campañas de Greenpeace México, Mahahual conectó con un rechazo más amplio a los megaproyectos turísticos, inmobiliarios e industriales que, según muchas comunidades, amenazan los ecosistemas mientras dejan a sus habitantes con muy poca voz sobre lo que ocurre en su territorio.
Perfect Day se convirtió en un símbolo especialmente potente: una enorme atracción artificial proyectada junto a una de las grandes maravillas naturales del planeta.
El proyecto contemplaba hasta 21,000 visitantes diarios —siete veces la población residente de Mahahual—, mientras un análisis de Greenpeace advertía sobre impactos a la vegetación, las aguas subterráneas y la biodiversidad.
La campaña parecía haber funcionado.
La victoria que no fue
En mayo, Bárcena anunció que Perfect Day no sería autorizado.
Semarnat solicitó información adicional a Royal Caribbean y posteriormente señaló que la empresa no había demostrado cómo evitaría impactos ambientales significativos.
El 19 de mayo, antes de que Semarnat emitiera una resolución definitiva sobre la solicitud principal de Perfect Day, Royal Caribbean la retiró.
Morales dice que los desarrolladores a veces retiran solicitudes que probablemente serán rechazadas para evitar una negativa formal, lo que les permite regresar después con otra propuesta.
Amezcua y sus compañeros activistas entendieron de inmediato lo que eso significaba.
Cuando se le preguntó si Salvemos Mahahual creyó en mayo que la lucha finalmente había terminado, su respuesta fue enfática:
“No, no. En ningún momento.”
Royal Caribbean, mientras tanto, ha dejado claro que no piensa abandonar Mahahual. En una llamada con inversionistas el 28 de julio, el director ejecutivo Jason Liberty dijo que la empresa seguía trabajando para “desarrollar un destino turístico” allí, y señaló que las negociaciones con autoridades y representantes de la comunidad “afectarán nuestro calendario originalmente previsto”.
Eso es precisamente lo que preocupa a Amezcua: que la atención se desvanezca antes de que Perfect Day regrese bajo otra forma.
Después de casi tres décadas observando los cambios en el arrecife de Mahahual, su mensaje es sencillo:
“Que todas nuestras acciones repercutan en el ecosistema en el cual habitamos.”

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