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“No caímos en su trampa”: Guadalajara defiende su derecho a protestar por el agua
By Tracy L. Barnett Posted in Agua on 26 octubre, 2026 0 Comments
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Texto y fotos: Tracy L. Barnett
Para el Guadalajara Reporter

GUADALAJARA — El humor tapatío estuvo muy presente en la multitudinaria marcha del domingo por el agua limpia: manifestantes disfrazados de excremento, un Muppet rojo brillante y un elegante catrín que sobresalía entre la multitud montado en zancos. Uno de los participantes, cubierto de lodo de pies a cabeza, llevaba sobre sí un enorme garrafón del que parecía caerle un chorro de agua turbia sobre la cabeza.

El ambiente era festivo y fraternal, con disfraces creativos y consignas entusiastas que reflejaban meses de frustración por el agua turbia y maloliente que llega a los hogares.

Pero debajo del humor había un desafío serio. Según los organizadores, entre 10,000 y 15,000 personas se reunieron el 18 de octubre para exigir agua limpia. Poco después se encontraron frente a grupos de encapuchados que portaban palos, martillos y artefactos explosivos, amenazando con convertir la manifestación pacífica en un enfrentamiento violento.

En lugar de permitir que los intrusos se apoderaran de la protesta, los manifestantes los confrontaron, les exigieron descubrirse el rostro y se organizaron para protegerse mutuamente. La aparente ausencia de protección policial a lo largo de buena parte de la ruta aumentó la preocupación por la seguridad.

Los organizadores identificaron al menos cinco grupos distintos de encapuchados, según informó El Informador. Su presencia retrasó la marcha durante más de dos horas en las inmediaciones del Parque Rojo, donde los participantes debatieron si debían avanzar hacia el Palacio de Gobierno.

“La prioridad en este momento no es avanzar, sino que no vuelva a suceder el escenario que pasó la semana pasada”, explicó ante la multitud un representante de la Comisión de Seguridad y Logística de la marcha.

La manifestación del 11 de octubre había terminado en enfrentamientos violentos, detenciones y denuncias de brutalidad policial. Esta vez, los organizadores estaban decididos a evitar otra confrontación.

Utilizaron megáfonos para comunicar sus decisiones, enviaron equipos de avanzada para evaluar las condiciones de seguridad e instaron a los participantes a mantenerse unidos. También estuvieron presentes brigadas independientes de primeros auxilios y de protección contra gases lacrimógenos.

“Todas las personas pacíficas decidimos activamente mostrar la cara, decidimos activamente no ser parte de todo esto”, explicó Ligia, ingeniera biomédica e integrante de una brigada independiente de primeros auxilios.

Algunos manifestantes querían continuar la marcha, mientras otros argumentaban que avanzar pondría en peligro a las familias, los adultos mayores y otros participantes vulnerables.

Alan Carmona, integrante de la organización ambiental Un Salto de Vida, exhortó a la multitud a tomar las decisiones de manera colectiva.

“Es importante que esto se decida en colectivo y que haya un consenso, que no nos pongamos en riesgo por la decisión de un grupo o de otro”, señaló.

Carmona propuso avanzar juntos, tomados de los brazos, y establecer comisiones de seguridad en las calles laterales para impedir que los grupos violentos se infiltraran en el contingente.

Finalmente, una parte de la multitud decidió avanzar. Al frente marchaba una línea de personas encargadas de proteger al contingente, con los rostros cubiertos y los brazos entrelazados, formando una barrera humana mientras los manifestantes se dirigían hacia el Palacio de Gobierno.

Otros permanecieron en el Parque Rojo o se retiraron, siguiendo las recomendaciones de los organizadores.

Cuestionamientos por la ausencia policial

La falta de intervención policial visible frente a los grupos encapuchados contrastó notablemente con la represión de la marcha del domingo anterior.

Cuauhtémoc Peña Cortés, secretario general de la Federación General de Trabajadores del Estado de Jalisco y sus Municipios, acusó al gobierno estatal de permitir deliberadamente que provocadores interrumpieran la manifestación.

“Hoy no mandó policías, pero mandó provocadores o policías vestidos de civil”, afirmó Peña, en referencia al gobernador Pablo Lemus.

Carmona también sugirió que los grupos violentos parecían estar coordinados y posiblemente pagados, una acusación que no ha sido comprobada.

Aunque había policías antimotines apostados detrás de las vallas del Palacio de Gobierno, diversos reportes describieron una escasa intervención mientras personas encapuchadas dañaban comercios, rompían cristales y posteriormente atacaban edificios gubernamentales.

Las autoridades estatales defendieron su respuesta contenida como una medida para evitar que los enfrentamientos escalaran, al tiempo que condenaron los actos vandálicos y distinguieron a sus responsables de los manifestantes pacíficos.

Para los habitantes, la exigencia central sigue siendo la misma: agua potable segura. Las protestas se producen después de meses de denuncias por el agua turbia y maloliente que llega a los hogares, una situación agravada ahora por el racionamiento del suministro en cientos de colonias.

“Queremos agua limpia, pero lo queremos hacer de manera pacífica”, dijo Ligia. “No nos vamos a rendir”.

Tracy L. Barnett

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