menu Menu
Temaca en la FIL: Las mujeres que llevaron la lucha
By Tracy L. Barnett Posted in Agua, Territorio y Resistencia, Empoderamiento-de-Mujeres-Americas, Mega Presas on 14 enero, 2026 0 Comments
Previous Leyendo la tierra: cómo científicos mexicanos usan plantas, insectos y suelo para encontrar a las personas desaparecidas Next

En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, entre pasillos abarrotados y novedades editoriales, la historia de un pequeño pueblo de los Altos de Jalisco volvió a ocupar un lugar central — sostenida, una vez más, por voces que se negaron a desaparecer.

El 7 de diciembre, en el stand del STAUdeG dentro de la Expo Guadalajara, IMDEC presentó el libro Tres experiencias de lucha en tiempos de despojo y resistencia, una publicación que documenta tres procesos emblemáticos de resistencia frente a megaproyectos extractivos en México. En el centro de la presentación estuvo Temacapulín, su comunidad y la defensa que impidió que el pueblo quedara bajo el agua con la presa El Zapotillo.

To read this story in English click HERE

Presentación del libro “Tres experiencias de lucha en tiempos de despojo y resistencia” en la Feria Internacional del Libro (FIL). De izquierda a derecha: María de Jesús García, la periodista Sonia Serrano, María González Valencia de IMDEC e Isaura Gómez “Chagua”, durante un diálogo sobre la defensa del territorio y la memoria comunitaria frente a la presa El Zapotillo. (Foto: Víctor Ibarra).

El libro reúne tres experiencias: la lucha contra la presa El Zapotillo en Jalisco, el Proyecto Integral Morelos y la defensa del territorio chontal en Oaxaca frente a la minería a cielo abierto. En los tres casos, hay un hilo común: comunidades que se organizaron para defender la vida, la tierra, la dignidad y los derechos colectivos desde una visión profundamente comunitaria.

En Guadalajara, la presentación se centró en el capítulo “Batallas en los Altos de Jalisco: de la lucha contra El Zapotillo a la gestión integral del agua”, que reconstruye un proceso de más de una década y culmina con la victoria alcanzada en 2021, cuando se limitó la altura de la presa y se evitó la inundación de Temacapulín, Acasico y Palmarejo.

“Este libro no solo recupera las estrategias de resistencia,” señaló María González Valencia, directora de IMDEC, “sino las voces y el significado profundo que tuvo para las comunidades sostener estas luchas de manera colectiva.”

Esas voces estuvieron presentes en el foro.

Isaura Gómez, conocida como Chagua, habló con una emoción contenida sobre el impacto de vivir durante años bajo la amenaza del despojo. Describió un miedo que quitaba el sueño y el apetito, una angustia permanente que comparó con ver agonizar a un ser querido. Solo cuando el peligro cedió, dijo, “se nos volvió el alma al cuerpo”.

María de Jesús García, Marychuy, recordó por qué nunca pudo aceptar la idea de la reubicación. No se trataba únicamente del territorio, explicó, sino de la dignidad y de la ruptura del tejido social: separar a vecinos, amistades, generaciones enteras. “Tenemos los mismos derechos que cualquier otra persona,” afirmó, evocando años de organización marcados por el cansancio, las pérdidas y una profunda desconfianza hacia el poder político.

Un momento compartido en el escenario: la periodista Sonia Serrano sostiene el micrófono mientras María de Jesús García “Marychuy” lee en voz alta fragmentos de Tres experiencias de lucha en tiempos de despojo y resistencia en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. (Foto: Víctor Ibarra).

La periodista Sonia Serrano, quien acompañó el proceso desde sus primeras etapas, subrayó que El Zapotillo fracasó no solo por errores técnicos, sino por la resistencia sostenida de las comunidades. Recordó las victorias legales que ganaron tiempo, la corrupción que vació el proyecto y, sobre todo, la fuerza de un pueblo que logró humanizar un debate que solía presentarse en términos abstractos de “desarrollo”.

Al narrar la vida cotidiana — la plaza, la iglesia, el panteón, las casas — la lucha desmontó el discurso oficial que justificaba el sacrificio de unos pocos para beneficiar a las ciudades. “Estos testimonios,” dijo Serrano, “nos permiten entender qué es lo que realmente estaba en juego”.

Uno de los rasgos más singulares del proceso, señaló González, fue la forma en que la fe se integró como una estrategia política. En comunidades profundamente religiosas, las creencias no quedaron confinadas al ámbito privado. Imágenes del Señor de la Peñita y la Virgen de los Remedios acompañaron movilizaciones y mesas de diálogo, colocadas frente a las autoridades como símbolos de convicción y legitimidad. La religiosidad, explicó, se transformó en una fuerza colectiva organizada.

Ejemplares de Tres experiencias de lucha en tiempos de despojo y resistencia en exhibición durante la presentación del libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). (Foto: Víctor Ibarra).

También fueron fundamentales los comités de hijas e hijos ausentes — personas que llevaron la defensa de Temacapulín a Guadalajara, a distintas ciudades de México y a Estados Unidos. Su participación amplió el territorio de la lucha y mostró que la pertenencia no se limita al lugar donde se vive, sino al vínculo que se mantiene con la tierra de origen.

El libro no idealiza la victoria. Durante la presentación se reconocieron los pendientes: reparaciones incompletas, decretos aún no firmados y un largo proceso de sanación tras años de conflicto social y ambiental. Aun así, el mensaje fue claro: la victoria fue real y fue de los pueblos.

“La memoria es fundamental,” afirmó González. “Si no la preservamos, otros la van a reescribir”.

En la FIL Guadalajara, rodeada de historias de todo el mundo, la experiencia de Temacapulín dejó una enseñanza vigente: la resistencia no solo se libra en tribunales o calles, sino que se sostiene en la vida cotidiana, en la fe, en la organización comunitaria y en la memoria compartida. Su historia, ahora recogida en un libro, sigue siendo una referencia viva de que sin lucha no hay victoria, y que la defensa del territorio es, ante todo, una defensa de la vida.

“Cuando supimos que Temacapulín había sido salvado, nuestras almas regresaron a nuestros cuerpos. Volvimos a dormir. Volvimos a comer. Volvimos a vivir en paz.”— Isaura Gómez “Chagua”, Temacapulín. (Foto: Víctor Ibarra).

Tracy L. Barnett

Altos de Jalisco IMDEC Presa El Zapotillo


Previous Next

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cancel Publicar comentario

keyboard_arrow_up